Lección 36: Mi santidad envuelve todo lo que veo
Se te cae una taza al piso y se rompe. ¿Qué es lo primero que piensas? Seguramente algo como «¿por qué me pasó a mí?» o «qué mala suerte». La Lección 36 parte de una escena así de pequeña para mostrarte hasta dónde llega la forma en que miras.
¿Qué significa «Mi santidad envuelve todo lo que veo»?
Es una lección que nos conecta con la esencia de que nuestra mente es parte de la mente de Dios, algo que viste en la Lección 35. Cuando miras a través de ese reconocimiento, todos los objetos que observas empiezan a cambiar en tu percepción, porque ya no los estás mirando con los ojos que los separan, que los dividen, que los juzgan y que los interpretan.
A veces ni nos damos cuenta, pero nos quejamos hasta de una taza que se rompe: la culpamos. Aquí se trata de ir a un lugar de absoluta quietud y paz interna, y reconocer por qué lo que ves es santo: porque tu ser es santo, y el lugar desde el que estás mirando es santo. En ese momento empiezas a ver con ojos que no ven juicio y que no se espejan en lo que el otro hace o en lo que los objetos hacen. Esa es parte fundamental del entrenamiento.
¿Qué es la impecabilidad y por qué importa?
El curso usa la palabra impecabilidad, y lo que significa es que no hay pecado, que está libre de pecado. Son los ojos que miran cuando reconoces la santidad. Y te lo digo con claridad: no son ojos que han pecado y luego perdonaron; son ojos que no pueden pecar. Por definición, lo santo no puede convertirse en profano.
Esto tampoco tiene que ver con el cuerpo. Sí, los ojos del cuerpo ven, pero quien realmente recibe la información es la mente. Y tu mente es parte de la mente de Dios; de ahí surge tu santidad. Es una santidad que no se inventa. No tienes que imaginarte nada, suponer nada, ni buscar nada que no esté siendo ahora. Para entender mejor la mirada que reemplaza al juicio, te recomiendo qué es el perdón y qué significa perdonar.
¿Por qué cuesta mirar así?
Porque no estás acostumbrado a hacerlo. Lo normal es que te espejes en la proyección del otro, en lo que el otro hace o en lo que los objetos hacen. Esta mirada, en cambio, no traba lo que ve. Y no es para que fantasees ni desees ser santo: es un trabajo de reconocimiento, de cambiar la percepción y acercarte a una verdadera visión más allá de los ojos del cuerpo, aunque sigas viendo con lo que ellos te muestran.
¿Cómo practicar la Lección 36 hoy?
- Hazla con lentitud: el curso te pide que te des tiempo para corroborar, observar y sentir lo que pasa.
- Hazla en silencio y con paciencia, permitiendo que la santidad que hay en tu interior se exprese a través de cada cosa que ves.
- No hagas distinciones: la pureza está en cada cosa que veas, no solo en las que te agradan.
- Llévate la lección «en el bolsillo del corazón» a donde vayas durante el día.
Piensa en la experiencia de cuando alguien entra a una habitación y reconoces esa pureza que impregna todo lo que toca. Todos tenemos esa cualidad divina, esa energía pura, amorosa y sagrada. Hoy no se trata de buscarla, sino de reconocerla y mirar con los ojos del amor, con los ojos que acarician lo que ven, como si lo llenaran de un aroma sagrado.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Tu mirada deja de ver con ojos que nada ven y empieza a mostrarte lo que los ojos santos realmente ven. Es un paso fundamental en la sanación. Es posible que hoy no notes un gran cambio; no pasa nada, la lección te pide tiempo y no resultados. Y si lo que aparece es una carga emocional muy fuerte, acompáñate también de un profesional. Para seguir con el tema de la mirada, lee si se puede cambiar la percepción. Mañana, la Lección 37.
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