Lección 48: No hay nada que temer
Fíjate hasta qué punto estamos dormidos, que hay una lección entera del libro de ejercicios para recordarnos que no hay nada que temer. Y la necesitamos, porque tenemos miedo todo el tiempo: que me deje mi pareja, que no me respeten, que no me valoren. Todo eso es un cuento que nos contamos, y se desarma mirando el miedo desde fuera del ego.
¿Qué significa «No hay nada que temer»?
Fíjate hasta qué punto estamos dormidos que hay una lección entera del libro de ejercicios para recordarnos que no hay nada que temer. Y la necesitamos, porque tenemos miedo todo el tiempo: que me deje mi pareja, que no me respeten, que no me valoren, que no me acepten. Todo eso es un cuento que nos contamos.
Tu ser real, lo que en algunas tradiciones se ha llamado alma, no puede ser amenazado. El curso lo dice en una frase muy simple: nada real puede ser amenazado. Si hoy estás teniendo miedo es porque estás en el ego: porque no reconoces a Dios en tu interior, no reconoces el amor que tiene la vida ni tu verdadero ser, y estás identificado con una falsa identidad hecha de pensamientos.
¿Entonces no tengo que ocuparme de mis problemas?
Puede que me digas: «Gabriel, pero viene una fecha en que tengo que hacer ciertos pagos, tengo problemas en mi familia, tengo un juicio con alguien». Que la amenaza no sea real no implica que no vayas a ese juicio o que no pagues esas cuentas. Eso es parte del mundo que creamos los seres humanos, y tiene sus reglas. Lo que te digo es algo más: cuando cambia tu mente, empieza a cambiar toda esa realidad. Había una situación física, sí, pero a nivel de tu ser profundo nunca fue real. Y conectando con ese ser empiezas a usar tu cuerpo de una manera santa, sagrada, amorosa, sin importar el oficio que tengas.
Cada vez que tienes miedo es porque has tomado una decisión equivocada. (…) Tienes que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estés dispuesto a hacerlo.
— Un Curso de Milagros
A mí me pasó cuando decidí dedicarme a esto. Hay un punto en que ya no tienes opción: ¿quieres seguir girando alrededor de tu ego, del loro que habla en tu mente, o quieres realmente ser feliz? Ahí uno tiene que rendirse, abandonar esas creencias y desaprender.
¿Existe un miedo sano?
Todos tus miedos están basados en el ego. La base del ego es el miedo, y el ego se sostiene en base al miedo. Por eso lo digo sin vueltas: no hay un miedo inteligente, no hay un miedo sano, no hay un miedo amoroso, no hay un miedo verdadero.
Haz un ejercicio muy simple. Lo que tu mente te mostraba hace tres meses, ¿era real? ¿Y hace diez meses? Piensa en las preocupaciones que tenías de adolescente: eran tan importantes y hoy las ves de otra forma. Las de hoy tienen la misma connotación: son la interpretación de un momento. Es muy probable que un 80 % de tu mente esté girando en la ruedita del hámster, con pensamientos repetidos que vuelven y vuelven y te suben y te bajan emocionalmente. Lo que piensas, en general, no significa nada: es una interpretación aprendida y reaprendida que hay que liberar.
¿Por qué no alcanza con entenderla?
El intelecto está sobrevalorado. Hay gente que se pasa la vida analizando y estructurando la mente, y de tanto razonar pierde la conexión natural con la intuición, con el amor y con la empatía. Esta lección quiero que la grabes en el corazón. Por eso la indagación ayuda tanto a comprender el curso: a veces lo lees, te trae paz en ese momento, y después vuelves a la vida y vuelves al infierno. Hace falta observar esto en tu interior.
¿Cómo se practica la lección 48?
Repítela durante todo el día. «No hay nada que temer», diez, quince, treinta veces. No para que sea una cantinela: las lecciones se practican aunque todavía no las creas, y se van integrando en tu mente.
Observa el temor cuando aparece. Antes simplemente estaba el miedo; ahora está el miedo y tu observación del miedo. Estás viendo tu ego en tiempo real. No te asustes: cuando lo reconoces, lo que te toca es trabajarlo.
Reconoce que surge de tu forma de ver la vida. Pregúntate si esa situación tiene realmente razón de ser. En la inmensa mayoría de los casos, no.
Súmale la lección con la que empezamos. Cuando aparezca el temor, dite «No entiendo nada de lo que veo»: hay temor porque estás entendiendo las cosas desde un lugar equivocado.
Y hazte la pregunta de hoy: ¿qué es lo que mayor temor me genera? Esa pregunta va directo al cuello del ego, al punto de mayor dolor. Si encuentras ese punto y lo liberas, el resto te va a parecer un juego de niños. Quizás hoy no lo liberes todo, pero vas a dar un gran paso: verlo, indagarlo, observarlo.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Quizás no tengas claro qué lección te ayudó más, pero vas a notar que tu mente ya está mirando diferente. No hace falta que creas lo que te digo ni lo que dice el curso: cuando lo vivas, lo vas a entender. No te contentes con nada que no sea la paz completa. Sea cual sea el temor que hoy vivas, en términos de Dios, en términos espirituales y en términos de tu verdadero ser, no hay nada que temer.


