Lección 72: Resentirse es atacar el plan de Dios
Piensa en la última vez que te resentiste con alguien. ¿Qué hizo, qué dijo, a qué lugar no vino, qué mensaje no respondió? Casi seguro es algo que hizo su cuerpo o que dejó de hacer. Esta lección va a esa raíz. Llega después de la lección 71, donde vimos el plan del ego para la salvación, y sigue deshaciendo ese plan.
¿Qué significa «Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios»?
Esta lección podría ser un curso completo, más que una lección breve. Lo que te explica es muy simple: cada vez que tenemos resentimientos es por lo que un cuerpo hace o deja de hacer. Obsérvalo. Si lo comprendes, primero te vas a reír muchísimo y vas a decir: «¡guau, es verdad!». Siempre es lo que hizo tal ser con el cuerpo, lo que dijo, el lugar al que no vino, el mensaje que no respondió. Estamos siempre observando los cuerpos.
Y fíjate que la culpa también viene de ahí: por cosas que haces con el cuerpo, o por cosas que no hiciste pero temes hacer con él, porque la culpa está en la mente. Si la culpa es lo que más pesa, mira cómo reconocer y soltar la culpa.
¿Por qué no podemos confiar en nuestra propia mirada?
El Curso habla de un mundo de demencia en el que se cree que Dios hizo un cuerpo, que hubo un pecado, y que por eso uno se siente culpable. Aquí tocamos un plano donde yo no te puedo acompañar, pero Jesús sí, y te dice que estar sin cuerpo es nuestro estado natural. Yo lo entiendo así: elegimos venir a un mundo físico, con cuerpos separados, a experimentar la separación, y nuestro trabajo es reconocer que la separación no existe. Ese es el aprendizaje y el perdón de este mundo, y con él se produce la salvación.
Por eso es tan importante aprender a escuchar la voz de Dios en nuestro interior: nuestra voz no es confiable. La que ve cuerpos y se resiente por lo que hacen no lo es, porque eso va a cambiar, y por eso las prácticas comienzan por cerrar los ojos y mirar la mente. Somos seres libres que elegimos vivir esta experiencia, y nos toca iluminarla. Puedes ampliar esta idea en qué es la separación según el Curso.
¿Cómo practicar la lección 72 hoy?
- Lee la lección una vez, y si puedes una segunda: es tan clara que vale la pena.
- Cada vez que sientas un resentimiento, nota qué hizo o dejó de hacer un cuerpo, y recuerda que lo que ves son cuerpos.
- Cierra los ojos y mira tu mente, no la forma de nadie.
- Pregunta: «¿qué es la salvación, Padre? No lo sé, dímelo.»
- Repítelo, y repítelo, desde la entrega y sin llenar el silencio con tu propio plan.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no escucho respuesta?
Ese «no lo sé» es el acto de entrega, el acto de amor: levantar la bandera blanca de la rendición del ego. Es decir: me duele esto, estoy sufriendo por esto, tengo esta angustia, Padre, dímelo, no lo sé. Nuestro ego intenta suplantar a Dios con su propio plan de vida: lo mejor para el país sería esto, lo mejor en la familia es esto. No es que sea malo; es ignorante, ignora la voz del amor.
El Curso te dice: pregunta y se te contestará, busca y hallarás. Como vimos en la lección anterior, el ego dice «busca, pero no halles», y hoy es nuestro día de hallar, de entender que no sabemos absolutamente nada, y de pedir la respuesta a la voz de Dios. Te aseguro que cuando esa respuesta llega, sabes que es así: ya no hay dudas. Si hoy no la sientes, sigue preguntando; y si lo que remueve la lección es muy intenso, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 73, Mi voluntad es que se haga la luz.
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