¿Por qué me cuesta tanto perdonar a mi madre?
¿Por qué me cuesta tanto perdonar a mi madre?
Porque lo que intentas perdonar no es a tu madre de hoy, sino la imagen que quedó grabada en ti. Y el pasado no se perdona: lo que puedes soltar es lo que esa imagen provoca ahora.
Ella dice otra vez aquella frase de siempre y sientes cómo se te cierra el pecho. Llevas años queriendo perdonarla y no sale. Yo se lo digo a quien me lo pregunta: no puedes perdonar a tus padres, es imposible. Siempre estamos perdonando una idea que proyectamos sobre otro.
Y la idea viene del pasado. Cuando en el presente miras a tu madre y ves que ahora no te está haciendo nada, queda tu historia, tu proyección y tu memoria. Eso no justifica nada: quienes nos criaron con dureza lo hicieron desde su propio ego, y eso no quita que lo vivido haya dolido.
No puedo liberar el pasado; solo puedo liberar el presente.
Resolver a tu madre no es negarla ni luchar contra ella: es resolver la imagen que tienes de ella. Si hubo daño serio, cuídate y busca acompañamiento: perdonar no es volver a exponerte.
Cómo trabajarlo
1. Vuelve a los primeros años
Piensa en tu madre cuando tenías entre 0 y 6 años. Anota los recuerdos que vengan y una palabra por cada uno. No fuerces nada: deja que aparezcan.
2. Describe su imagen
Escribe cómo es tu madre, qué rasgos te molestan y cuál es tu imagen de ella. Estás trabajando la imagen, no a la persona.
3. Busca esos rasgos en tu vida
Mira si esas características aparecen en ti o en tus parejas, de dos maneras: en lo que haces y en lo que encuentras en el otro. Ahí el pasado sigue actuando hoy.
4. Pregunta qué te hace ahora
Con ella delante o en tu mente, pregúntate: ¿en este instante me está haciendo algo? El presente es perdón: lo que sientes es historia y proyección.
5. Practica pasar por alto
Cuando estés con ella y diga lo de siempre, déjala pasar sin discutir ni justificar. Es el perdón en vivo y se entrena. Si hubo daño serio, elige cuándo y cómo ver a esa persona.

