Lección 20: Estoy decidido a ver
Piensa en una pelea que se repite con alguien cercano. Tienes ya el guion memorizado: lo que te dirá, lo que responderás, cómo terminará. Y aun así dices que «te tocó» esa persona, o que tienes mala suerte. ¿Y si esa escena no te estuviera pasando a ti, sino que la estuvieras eligiendo?
¿Qué significa «Estoy decidido a ver»?
Te la presento como una lección llave dentro del proceso que estamos haciendo. Hasta ahora el trabajo fue un reconocimiento: reconocer que el miedo es una elección y no una obligación, y que el conflicto también es algo que tomo o no tomo. Ahora el curso te lleva más allá y te dice que llegó el momento de establecer cierta estructura. Hacia dónde vamos: a cambiar por completo nuestra forma de ver y de pensar.
Y para eso hay que reconocer que tienes un deseo, que es el deseo de la paz, el deseo del amor, el deseo de lo que el curso llama salvación, es decir, el deseo de ser feliz. Si lo reconoces, la lección te pide algo más: un nivel de honestidad que consiste en empezar a tomar responsabilidad.
¿Por qué cuesta tanto asumir que lo estoy eligiendo?
Porque muchas veces seguimos en una especie de niñez emocional, aunque tengamos cuerpos de 30, de 40 o de 80 años: todavía no nos hacemos responsables de que a cada instante estamos eligiendo. Te lo digo con claridad: hay que dejar de jugar a pensar que tienes mala suerte o que el azar no te favorece. Lo que ves no es al azar; es exactamente lo que quieres ver. En esta lección el curso te lo dice así: lo que quieres se te concede.
Te adelanto la pregunta que aparece: «¿yo quería esto que viví?». Lo que te muestro es que se desnuda la idea de que hay un Dios en algún lugar haciéndote algo. Tienes libre albedrío. Dios no es una maquinaria que toma decisiones por ti; Dios es la posibilidad de elegir vivir lo que quieras vivir. Si eliges el miedo, vives el miedo. Pero hay un pequeño detalle: el miedo es solo una ilusión. Por eso esta lección te invita a reconocer que has pedido miedo y separación, que viniste a esta experiencia física de separación por elección, y que ahora es momento de hacerte cargo y de aprender para qué viniste.
Y ojo con la palabra: responsable no es «culpable». Significa habilidad de responder, y tú puedes responder desde otro lugar, desde el amor y desde la comprensión. Si algo de esto te remueve con mucha fuerza, hablarlo con un profesional de confianza es también una forma de cuidarte.
¿Cómo practicar «Estoy decidido a ver» hoy?
- Reconoce con honestidad que deseas la paz y el amor, y que si no los has logrado es porque no ha habido una disciplina mental de reconocer el poder de tu pensamiento.
- Observa cómo con tu pensamiento creas realidad: lo que ves no es azar.
- Deja de culpar a la mala suerte, al azar o a un Dios que te hace cosas: recuerda que tienes libre albedrío.
- Reconoce el poder de elegir que tienes, y que ese poder te conecta con toda la mente humana y con la mente de Dios.
- Repite con intención: estoy decidido a ver. Decido ver la verdad y decido ver desde el amor.
¿Qué cambia cuando decides ver?
Hoy se sienta un precedente: un antes y un después. Estás sentando las bases de lo que se llama visión crística, la visión sagrada que nos viene a enseñar Jesús, la verdadera visión, la que vamos a llevar a cada lugar al que vayamos. Antes de esta decisión, el mundo se te aparecía como algo que te pasaba; después, empiezas a notar que cada instante tiene dos caminos y que puedes elegir el amor.
Y si hoy no sientes nada especial, no pasa nada. La decisión se renueva cada vez que la recuerdas, y no hace falta que sea espectacular para que cuente. Es parte del camino que empezamos en la lección 19, donde vimos que nadie vive solo los efectos de sus pensamientos, y que continuará mañana con la lección 21, Estoy decidido a ver las cosas de otra manera. Si quieres profundizar en cómo se vive esto con el miedo, lee cómo el miedo no se enfrenta, se mira y se suelta.
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