Lección 273: Tuya es la quietud de la paz de Dios
¿Alguna vez tuviste un día entero en perfecta calma, desde que abriste los ojos hasta que los cerraste? Probablemente no. La lección de hoy te hace una propuesta muy simple: probarlo hoy.
¿Qué significa «Mía es la quietud de la paz de Dios»?
Hay una frase preciosa del libro que dice que allí donde concluye el aprendizaje comienza Dios. Y podemos empezar a entender qué es el fin del aprendizaje, porque en Dios no hay nada nuevo que aprender: Dios es todo, y ya es conocido. Pero en nuestro camino, aunque reconozcamos esa meta, todavía estamos en proceso: saber cuál es la meta no impide que sigan apareciendo cosas para liberar en nuestra mente.
Por eso, esta lección te propone algo muy simple: pasar un día en perfecta calma, donde todo lo que has trabajado, aprendido e integrado funcione de manera sabia, sin intelectualizar, sin sobrepensar y sin esforzarte. Es el mismo hilo de la Lección 34, donde la paz es una decisión.
¿Por qué cuesta tanto sostener la calma?
Quizá te juzgues y pienses: no las estoy haciendo bien, me cuesta, no lo entiendo. Fíjate en el amor con que está escrita cada lección: una y otra vez te vuelve a poner en un lugar donde puedes alcanzarlo todo, y desde la primera lección te apunta a lo mismo.
La lección misma lo dice con realismo: si todavía no es posible pasar un día así, y puede que aún no lo sea, nos sentiremos más que satisfechos de aprender cómo es posible. Por eso hoy será, como mínimo, un día semilla. Y fíjate que todo este entrenamiento es mental. No importa cómo sientes o percibes tu cuerpo: el cambio ocurre en tu mente, que es donde está el error, la ilusión o la percepción falsa. Para ordenar esa mente puedes apoyarte en serenar la mente para encontrar a Dios.
¿Cómo practicar la Lección 273 hoy?
- Desde el primer instante, propón la calma. Empieza tu día con la intención de vivirlo en perfecta calma, hasta el final.
- Cuando llegue una perturbación, no discutas con ella. Por pequeña que sea, aprende a descartarla y a recobrar la paz. Está llegando algo que me perturba: lo suelto, lo libero.
- Dile a tu mente la elección de hoy. Con absoluta certeza, repite: «Mía es la quietud de la paz de Dios». Es en la mente donde está el problema, así que a la mente se lo dices.
- Si lo mínimo te mueve, también. No hace falta que sea algo grande: lo más pequeño que altere tu calma cuenta, y la respuesta es la misma, sin dramatizarla.
- Vuelve a la frase cuantas veces haga falta. Algo me perturba; mía es la quietud de la paz de Dios. Se trata de reconocer el poder que tenemos para dirigir nuestra mente hacia la quietud (la palabra control no me gusta mucho).
Fíjate en lo simple que es. Una vez más, solo continuamos este entrenamiento: aparece algo que me perturba y respondo con una frase corta que dirige mi mente hacia la quietud. No hay técnica complicada ni esfuerzo de voluntad; hay recordar.
¿Qué cambia cuando la practicas (y si hoy no sale)?
El curso enseña que la voz de Dios se oye en la quietud. Por eso, si hay una perturbación, es una preparación nueva para reconocer la voz de Dios y observar esa faz de Cristo, esa conectividad total que hay en la vida. Esto va más allá de lo que vemos, pero también podemos empezar a reconocerlo. Si te interesa escuchar esa voz, mira cómo escuchar a Dios en el silencio entre dos pensamientos.
Si hoy llega cualquier cosa, aunque sea muy pequeña, que perturbe la calma, simplemente vamos a recordar juntos. Te estoy acompañando: esto tienes que saberlo. Y si la perturbación es muy fuerte o te sigue por días, busca también el acompañamiento de un profesional. Hace dos lecciones, la Lección 271 nos entrenaba a ver; hoy nos entrenamos en la quietud desde la cual se ve.
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