Lección 322: Solo renuncio a lo irreal
Tal vez alguna vez, mientras avanzabas con el Curso, pensaste: «me está pidiendo soltar esto y no sé si puedo». O quizá notaste que te alejaste de ciertas personas, que aparecieron otras y que se movieron muchas cosas dentro de ti. La lección de hoy habla de eso. Llega después de la lección 321, donde vimos que mi libertad reside solo en el Padre.
¿Qué significa «Tan sólo puedo renunciar a lo que nunca fue real»?
Hoy nos proponemos algo muy hermoso, que al principio puede resultar difícil. En esta nueva porción del libro empezamos a entender lo que es la creación y a recordar lo que somos como creación. Y nos toca algo que requiere valor frente a nuestra vida pasada, una vida de conflicto, donde todavía hay restos de una mente que por momentos se siente perdida y recurre al Espíritu Santo en busca de guía.
Lo que hoy reconocemos es que lo único que podemos sacrificar son las ilusiones. Todo sacrificio que aún quede por hacer en tu vida es solo eso. Y debajo de esas ilusiones, te dice Jesús, lo que hay son los regalos de Dios.
¿Por qué sentimos que perdemos algo al soltar?
Porque creemos que lo que soltamos era valioso. Pero repasa lo que ya viviste. Cuando pensaste que perdías algo, sabías que tenías que soltarlo y no sabías cómo, y lo lograste, ¿qué había debajo? Un regalo. Tuviste quizá una pelea con alguien, sin saber cómo reaccionar, y después de esa situación hubo un aprendizaje, una nueva situación que te mostraba la perfección.
La lección lo resume así: en cada regalo suyo que acepto yace su recuerdo. En cada uno de esos regalos estaba el recuerdo de Dios, de la unidad, de la mente como un solo ser. Y cada sueño sirve únicamente para ocultar el ser, el único Hijo de Dios, el santo ser que mora en él para siempre. Si el miedo a soltar es lo que te frena, quizá te ayude soltar el pasado, que no es olvidarlo.
¿Cómo practicar la lección 322 hoy?
- Repite la frase en voz alta o en silencio a lo largo del día.
- Observa qué cosas crees que tienes que sacrificar o que el Curso te pide soltar.
- Recuerda que tu ser es imperdible, y que la gracia divina y el amor que hay en ti también lo son, no importa dónde esté tu cuerpo, tu mente o tus pensamientos.
- Reconoce los regalos que ya recibiste, instante a instante, al soltar algo.
- Si queda una idea de sacrificio, ve que es solo una ilusión: nada real puede perderse.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Te das cuenta de que lo único que estamos soltando es la personalidad, la máscara, la idea de ser seres separados y en conflicto. Y lo hacemos juntos, porque nos liberamos juntos. Esa hermandad nos alinea y nos conecta en este camino de retorno al hogar. Para profundizar en cómo se deshace lo aprendido, lee qué es la expiación según el Curso.
Si hoy no ves ningún regalo claro, no pasa nada: ya los vivirás o ya los viviste. Y si el dolor de una pérdida real es muy fuerte, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 323, Gustosamente sacrifico el miedo.
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