Lección 318: Soy el medio y el fin de la salvación
«Estoy ayudando a tanta gente», piensas, y sin darte cuenta el pecho se infla un poco. ¿Qué pasa cuando una enseñanza espiritual se vuelve motivo de orgullo? Esta lección llega justo para eso.
¿Qué significa «Yo soy el medio para la salvación, así como su fin»?
Después de descubrir tu papel en la Lección 317, esta lección lo lleva más lejos. Cuando empiezas a ver con claridad tu función, es muy fácil que se convierta en alimento para el ego. No se trata de agachar la cabeza ni de sumisión a nada que no sea la divinidad. Se trata de reconocer, cuando ya liberaste el ego, que tu voz no habla desde él. Es una voz pura, y ese es el lugar de la salvación.
¿Por qué llega ahora y no al principio?
Porque antes hace falta limpiar. Te recuerdo que en los principios de los milagros se dice que antes de los milagros hace falta una purificación. Si todavía queda algo por perdonar, sigues perdonando. Si esta fuese la primera lección, enseguida armarías una fiesta en la casa y dirías «soy el salvador». Hoy Jesús te lo dice porque sabe que estás preparado. En un sentido sí, y en otro sentido tu hermano es tu salvador. Lo importante es llegar a este punto sin ego, con amor y con placer de decir: este es exactamente el lugar que yo quería. Para entender mejor qué es lo que se suelta, mira qué es el ego según el curso.
Yo viví algo así en un momento de claridad muy grande. Pedí ver y sentí un éxtasis que nunca había sentido. Me venía una pregunta una y otra vez: si es tan claro, ¿por qué no lo ven? Y lo que me llegó fue que a mí me toca enseñarlo. Dije: este es mi lugar. Sentí un amor enorme, y era asumir mi papel en la salvación. Lo que se me mostró fue aquello que yo podía ver. Te invito a que veas lo que se te muestra a ti, porque es el lugar que te toca ocupar.
¿Cómo practicar la Lección 318 hoy?
- Dila en primera persona: «Yo soy el medio por el que el Hijo de Dios es salvo».
- Recuerda el propósito de la salvación: encontrar la impecabilidad, la falta de pecado, que Dios puso en ti.
- Repite: «Fui creado tal como aquello que estoy buscando». Eso que siempre buscaste, que admiraste en otros o que te intrigó en la vida de Buda, de Jesús o de cualquier maestro, ahí está en ti.
- Mira a Jesús como un hermano mayor que te guía en un camino que ya recorrió, no como alguien que alcanzó algo inalcanzable.
- Si aparece orgullo, déjalo ir. Si aparece algo por perdonar, perdónalo y vuelve a la frase.
¿Qué cambia cuando lo practicas?
Dejas de buscar afuera lo que ya está en ti. La lección dice que eres el objetivo que el mundo anda buscando: ese mundo que percibes está buscando al salvador que hoy te toca descubrir en tu interior. Así como en otra lección viste que había un ministerio de amor para ocupar, hoy vuelves a él. En el momento en que decidas ocupar ese lugar, el mundo te lo va a agradecer, porque te estaba esperando.
Mucha gente me ha dicho «qué suerte que en ese momento te decidiste». Te lo pongo como ejemplo: ese mismo clic que hagas puede llevar a que otros digan qué suerte que fuiste esa persona que me dijo esa palabra, que me acompañó y me ayudó a verme. Y si hoy no sientes nada, no te preocupes: repite la frase con calma, hasta que se vuelva sentida y no solo dicha. Si estás pasando por un momento de mucho sufrimiento, apóyate además en un acompañamiento profesional.
Y recuerda que esto no es una exigencia, sino una invitación a mirar tu vida con otros ojos, con la confianza de que nada de lo vivido ha sido en vano. Mañana cerramos este tramo con la Lección 319, donde vienes a salvar al mundo.
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