Lección 55: Repaso y renuncia al ataque
Alguien te dijo una palabra que te molestó, y sin darte cuenta ya estás buscando cuál devolverle. ¿Te ha pasado? De eso trata buena parte del repaso de hoy, que sigue a el repaso de las lecciones 16 a 20.
¿Qué significa «Estoy decidido a ver las cosas de otra manera»?
Así empieza este repaso, con la lección 21. El Curso insiste e insiste porque es muy importante que observes el poder de decisión que hay en ti. Cuando te decides, todo el universo a tu alrededor empieza a cambiar, porque lo que cambió es tu decisión. Entonces cambia tu ver, cambia tu pensar y todo se impregna de esa forma de ver.
Es tu percepción la que percibes: a quien ves es a ti mismo. Pero como tu mente está conectada, empiezas a recibir testigos de ese cambio. Por eso es tan importante soltar la ilusión de uno mismo y decidirte a tomar este camino de responsabilidad: ver de otra forma.
¿Por qué lo que veo puede ser una forma de venganza?
Porque, si no lo miramos, lo que vemos es búsqueda de venganza. Alguien me hace algo y quiero ver cómo lastimarlo, o cómo decirle otra palabra que le moleste, porque a mí me molestó la suya. Realmente estamos viendo eso. Pasa en las relaciones más íntimas y también en las globales, donde se piensa que hay países que buscan vengarse. Es importante observarlo en nuestra mente, porque después se expresa en planos más grandes.
Es un mundo reactivo: estoy todo el tiempo reaccionando a lo que el otro dice, a lo que muestra, a lo que hace o a lo que supongo que dice, aunque ni siquiera lo haya escuchado. Los pensamientos amorosos que ya empezaste a descubrir en ti son la llave para ver que ese mundo de venganza no es el único.
¿Cómo escapo de ese mundo?
La lección 23 responde: renunciando a los pensamientos de ataque. Y hay una palabra que puede pasar desapercibida y es clave: renunciar. Renunciar a la idea de que puedo atacar al otro porque, si no, él me va a atacar antes o después. Eso es ni más ni menos la idea de la demencia: el ataque, la defensa, la guerra, que nos lleva a los conflictos que hemos vivido.
Aquí aparece el lugar del perdón. Lo que hay que perdonar es ese mundo que hemos creado e imaginado, donde todo es difícil, todo es un esfuerzo, todo es complicado, y que no es más que un espejo de nuestra propia forma de ver. Si quieres ver cómo se practica, tienes el perdón en tres pasos.
De ahí surgen las dos lecciones siguientes. Si todavía percibo algún conflicto, no estoy percibiendo lo que más me conviene, porque en el conflicto no hay conveniencia. Si de verdad quieres sanar, empieza a buscar pensamientos que apunten a la verdad. Quizá el pensamiento de hoy no es el último, y ni siquiera estás seguro de que sea real, pero ya tiene otro nivel de vibración: sueltas los que estaban en lucha y empiezas a encontrar una guía interior que te dice lo que conviene para tu máximo desaprendizaje y tu máxima sanación.
Y entonces llega «no sé cuál es el propósito de nada». Esta lección es liberadora: quizá te saque una sonrisa. Algo se aligera, algo se ablanda y te vuelves receptivo a otro propósito, basado en el perdón y la liberación. Una forma de pensar que creíste real está muriendo, y de esa muerte nace el reconocimiento de tu verdadera esencia. A eso se le ha llamado despertar espiritual.
¿Cómo practico este repaso hoy?
- Comienza el día con la decisión de ver las cosas de otra manera y observa que lo único que cambió fue tu decisión.
- Cuando alguien diga o haga algo y notes las ganas de responderle para lastimar, reconoce que ese es el mundo reactivo y no reacciones a lo que supones.
- Renuncia a la idea de ataque y a la de que tienes que defenderte atacando.
- Perdona el mundo difícil y complicado que imaginaste.
- Ante un conflicto, recuerda que no estás percibiendo lo que más te conviene y suelta el pensamiento que está en lucha.
- Repite «no sé cuál es el propósito de nada» y siente qué se afloja.
¿Qué cambia cuando lo practico?
Sueltas los propósitos vanos, los intentos de lucha, los disgustos y los ataques, y empiezas a encontrar en tu interior la paz divina. Si hoy no sientes todavía esa paz, no pasa nada: basta con que sueltes un poco el pensamiento que estaba en lucha. Y si lo que te molesta es muy intenso, acompáñate también de un profesional. Mañana seguimos con el repaso de las lecciones 26 a 30.
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