¿Cómo dejar de ser mi peor enemigo?
¿Cómo dejar de ser mi peor enemigo?
Dejas de ser tu peor enemigo cuando ves que cada ataque vuelve a ti: el yo que ataca recibe el propio ataque.
Imagina que tu pareja te dice que necesita un tiempo, y tu mente empieza a atacarla y a defenderte: «pero si yo hice todo». ¿Quién sufre ese ataque? Tú. Lo mismo cuando juzgas a tu hijo o a ti mismo.
El ego se justifica con «él atacó primero», y así parece válido contraatacar. Pero no podrías enfadarte si no creyeras que te atacaron y que contraatacar está justificado.
El trabajo es darte cuenta de que siempre te estás atacando a ti mismo.
Ojo: no hagas del ego otro enemigo. Ningún maestro enseña que el ego es malo y hay que liberarse de él; lo que se muestra es cómo funciona esa programación, para que no la hagas real. Si el ataque llega a hacerte daño, pide ayuda a un profesional.
Cómo trabajarlo
1. Atrapa el ataque en el acto
Cuando te descubras acusándote o acusando a otro, di: «me estoy atacando». Notar que ocurre ya lo interrumpe.
2. Pregunta quién sufre
Después de cada juicio, pregúntate quién lo está sufriendo. Casi siempre eres tú: el yo que ataca recibe el propio ataque.
3. Revisa el «él empezó»
No puedes enfadarte a menos que creas que te atacaron y que contraatacar está justificado. Mira esa creencia: es la que sostiene el ataque.
4. Observa sin pelear con el ego
No lo declares malo ni intentes destruirlo. Mira cómo funciona su programación sin hacerla real. Si no es real, ¿qué te preocupa?
5. Recuerda qué se puede atacar
Lo único que puede ser atacado y necesita defensa es tu ego, un invento que está ocurriendo ahora. Tú no puedes ser atacado.

