¿Cómo sentir a Dios en mi vida?
¿Cómo sentir a Dios en mi vida?
Sintiéndolo donde ya está: en lo que sientes ahora. Pon tu atención en el sentir y fíjate si se abre y se expande; esa expansión es la paz de Dios.
Quizás llevas tiempo esperando una señal grande, una luz, algo que te confirme que Dios está. Mientras tanto, tus días pasan sin nada especial y terminas pensando que a ti no te toca.
Yo lo veo al revés. Si Dios es todo, no puede faltar en este momento: lo que ves, lo que escuchas y lo que sientes ya forma parte de esa vida. Lo que se interpone no es una distancia, sino la espera de que llegue con bombos y platillos y el hábito de analizar en lugar de recibir. No son fuegos artificiales ni algo que dependa de una técnica.
Cualquier sensación que sea amorosa es la voz de Dios.
Por eso empieza por lo pequeño. Observa qué sientes cuando pones la atención en el sentir, sin juzgarlo ni mejorarlo. Si no sientes nada especial, no pasa nada: quédate un momento más. Sentir a Dios no es producir una emoción, es dejar de taparla.
Cómo trabajarlo
1. Detente y observa qué sientes
Pausa lo que haces unos segundos y pon toda la atención en el sentir, sin intentar cambiarlo. No es un sentir de «a ver qué siento»: es simplemente observar.
2. Mira si se expande
Quédate con esa sensación y fíjate si se abre y se abre. Esa es la paz de Dios. Si no la sientes todavía, no te preocupes: vuelve a intentarlo otro día.
3. Pregúntate qué estás viendo
Cambia «¿dónde está Dios?» por «¿qué estoy viendo ahora y cómo lo estoy interpretando?». Si Dios es todo, ¿qué estás viendo que no sea parte de eso?
4. Suelta el pensamiento de turno
La mente no puede pensar más de un pensamiento a la vez. Observa el que tienes ahora y déjalo pasar: debajo hay algo sin nombre y sin tiempo que ya estaba ahí.
5. Reconoce las sensaciones amorosas
Cuando aparezca calma, gratitud o amor, en una charla o al ayudar a alguien, no las dejes pasar de largo: nómbralas y quédate con ellas un momento.

