Lección 30: Mi mente está en Dios
Llevas años buscando a Dios en un lugar que siempre queda un poco más lejos: una práctica, una meditación, un retiro, el libro que todavía no leíste. ¿Y si el lugar al que tanto buscas llegar fuera el mismo desde donde estás pensando esta frase?
¿Qué significa «Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente»?
Aquí damos un paso más hacia una comprensión realmente increíble. Frases como «somos la mente de Dios» hay que mirarlas con honestidad, soltando toda esa película tonta y egoísta que hemos creado. Pregúntate: cuando estás pensando, ¿dónde piensas? Si no es en Dios, ¿en dónde? No hay otro lugar. Tu mente está en Dios.
Lo que escuchas, lo que percibes, todo lo que llega a tu mente y todo lo que experimentas ocurre en Dios. Es como si fuéramos una gota en el fondo del océano diciendo «estoy fuera del océano»: no tiene sentido. Aquí empiezas a entender por qué el curso habla del ego como sinónimo de demencia. ¿Dónde vas a buscar a Dios sino reconociendo tu mente, reconociéndote a ti mismo? Para entender de dónde nace la idea de estar fuera, lee qué es la separación según Un Curso de Milagros.
¿Por qué cuesta tanto aceptarlo?
Porque hay que soltar el significado egoico que le hemos dado a las cosas. El significado personal, el particular, no importa cuál le des: ese significado no existe. El único propósito es el de Dios, lo que el curso llama la voluntad de Dios. Y la mente es la fuente de absolutamente todo.
La frase «somos uno con Dios» es muy famosa, pero no es poética. Significa que no hay otra cosa, ni la hubo nunca ni la habrá. Dios es todo. Cuando uno entiende eso, empieza a experimentar paz, certeza, fe y convicción. Lo que siempre se buscó fuera, a través de prácticas externas o de diferentes prácticas meditativas, es la mente misma. Estamos vibrando y experimentando la mente de Dios.
Y no hace falta entenderlo racionalmente. Cuando piensas en algo, no necesitas verlo, porque lo que veas da igual. La verdadera experiencia mental no es solo visual: es infinita. Cuando dejas de depender de un fenómeno visual, o incluso auditivo, puedes conectarte con el infinito. Para calmar la mente y acercarte a esta experiencia, puede ayudarte cómo serenar la mente para encontrar a Dios.
¿Cómo practicar la lección 30 hoy?
- Practícala con muchísima energía. Te lo recomiendo: céntrate en ella.
- Mira lo que ves y recuerda que lo estás viendo en tu mente, y que tu mente está en Dios.
- Suelta el significado particular que le diste a eso que ves.
- No intentes entenderlo con la razón. Basta con abrirte a que la idea sea cierta.
- Si surge un pensamiento tonto, por ejemplo que Dios es castigador, obsérvalo sin pelearte con él.
¿Qué cambia cuando entiendes que tu mente está en Dios?
Te unes a todo lo que ves, porque todo lo que ves ocurre en tu mente y tu mente está en Dios. Es una de esas lecciones que desarman por completo la estructura jerárquica egoica que tenemos, porque todo eso es una ilusión: siempre estamos en la mente de Dios.
No hay otra mente. Es la única que existe, una unidad que funciona de manera perfecta, coordinada y sagrada, y a la vez con libre albedrío. Puedes volver a la tontería de pensar que Dios es malo o castigador, pero ese mismo pensamiento está ocurriendo en la mente de Dios. Es una paradoja que solo ocurre en el lenguaje; cuando silencias tu mente y te abres, sucede la gracia divina y empiezas a entender quiénes somos.
Por eso hoy es un día de una profundidad como pocos. Vas a alcanzar un nivel de claridad y de paz que todavía es raro, pero que ya está entrando en la experiencia humana. Si necesitas retomar el hilo, repasa la lección 29, Dios está en todo lo que veo, y mañana seguimos con la lección 31, no soy víctima del mundo que veo.
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