Lección 326: Soy por siempre un efecto de Dios
Hay días en que algo se agita por dentro y no sabes explicar por qué: una duda, una inquietud sin nombre, una confusión que no se va. Hoy te propongo mirar esa agitación desde un lugar distinto. Llegamos aquí después de la lección 325, donde vimos que todas las cosas que crees ver son reflejos de ideas, y la 326 nos lleva a la raíz de todo.
¿Qué significa «He de ser por siempre un Efecto de Dios»?
Lo que vamos a descubrir hoy es lo que destroza por completo cualquier idea egoísta. Siempre que en tu mente ocurre una manifestación del ego, con algún tipo de confusión o de inquietud, es porque todavía estás intentando ser tu propia causa, el que causa las cosas. Y en realidad somos efectos. Cuando reconoces que eres un efecto y te haces la verdadera pregunta, ¿cuál es mi causa?, ahí empiezas a entender.
La lección habla de ver la tierra desaparecer: primero transformada y, una vez perdonada, desvanecida en la santa voluntad de Dios. Te explico hasta donde hoy llega mi comprensión; quizá mañana tú des un paso más y seas tú quien me enseñe. Pero quiero invitarte a lo que dice el Curso, porque hay mucha idea espiritual basada en rechazar este plano. Y el Curso no pide eso.
¿Hay que rechazar el mundo para ver la voluntad de Dios?
No. Dios es todo en todo, y no hay nada que no sea. La diferencia es que nos toca descubrir lo impermanente y descubrir la esencia. La santa voluntad de Dios la puedes ver en todo: en un aroma, en un pájaro, en el sol, en un paisaje. Ya no hace falta negar la materia como forma; nuestro trabajo es ver la voluntad de Dios en cada porción y reconocer la esencia.
Yo viví una experiencia así. En una especie de éxtasis espiritual reconocí que yo estaba eligiendo el cuerpo. Desde ahí podemos honrarlo, entender el justo lugar que tiene y reconocernos más allá de eso como un efecto de Dios, como un pensamiento de Dios, como parte de esa voluntad que está ahora. Si quieres profundizar en cómo se ve esa separación, tienes qué es la separación según el Curso.
¿Cómo practicar la lección 326 hoy?
La práctica de hoy es de lo más alto, y es un milagro en sí misma. Estos son los pasos:
- Cuando notes inquietud o confusión, reconoce que estás intentando ser tu propia causa.
- Hazte la pregunta: ¿cuál es mi causa?
- Mira lo que tienes cerca, un aroma, un pájaro, el sol, y reconoce en ello la voluntad de Dios, sin negar su forma.
- Recuerda que sigues siendo tal como Dios te creó.
- No intentes pensarlo ni verlo: deja que se sienta y se intuya.
¿Qué cambia cuando lo reconoces, y si me parece muy abstracto?
Es abstracto, y lo es. Pero al reconocer que eres un efecto de Dios, también reconoces que posees el mismo poder de crear que Él. Esa es la clave: somos creadores, y puedes medir tu felicidad por la cantidad de extensión interna, de creación, que estás realizando. El Curso lo dice así: una mente totalmente creativa no puede sufrir. El sufrimiento surge de la imitación y de la máscara egoica. Como todos somos parte de un solo ser, cada parte que despierta empieza a crear dentro del Hijo de Dios. Esto lo explico también en qué es el ego según el Curso.
La parte concreta de la mente, la que se identifica con el cuerpo y con el ego, irá desvaneciéndose. Puede que sientas apego hacia ella; es normal, y está explicado en el texto, pero esa parte no es real. La mente es naturalmente abstracta, y por eso esto no lo vas a pensar ni a ver: lo vas a sentir, y vas a saber que es así. Si te sientes desbordado por el sufrimiento, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 327, No necesito más que llamar. Hoy, simplemente, descubre qué eres: un efecto de Dios.
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