Lección 323: Sacrifico el miedo, nada más
¿Cuántas horas de tu vida dedicaste a pensar en cómo te ves, cómo te vistes o cómo te llevas con los tuyos? Esa imagen, tan trabajada, es justo lo que la lección de hoy te invita a mirar. Llega después de la lección 322, donde vimos que solo puedo renunciar a lo irreal, y hoy damos un paso muy poderoso.
¿Qué significa «Gustosamente sacrifico el miedo»?
Hoy vamos a hacer algo realmente titánico: seguimos reconociendo qué es la creación y qué debemos sacrificar para verla. Hay una imagen que creamos de nosotros mismos, de cómo nos vemos, de cómo somos, y una parte de esa imagen quedó empañada por la idea de la pérdida, por el miedo a perder algo. Te quiero con una apertura total para liberar, es decir, sacrificar, esa imagen.
Jesús te dice que se trata de saldar una deuda con la verdad, que consiste sencillamente en abandonar los autoengaños y las imágenes que venerábamos falsamente. El Curso habla de ídolos: hubo ídolos en nuestra mente a los que dedicábamos decenas de horas de pensamiento e imaginería. Hoy toca soltar todo eso.
¿Por qué «sacrificio» no es lo que pensabas?
Te recuerdo que la palabra sacrificio viene de oficio sacro, oficio santo. Después se usó para todo lo que se convirtió en hacer cosas que uno no quiere, en lastimarse, en venerar una imagen creada de uno mismo, hablar de cierta manera, ser de una forma y reprimir ese amor y esa cualidad divina. Lo que sacrificamos aquí es otra clase de sacrificio, y por eso la lección lo pone entre comillas: es lo que no es real, es el miedo.
El único costo de restaurar en mí el recuerdo del Padre, para la salvación del mundo, siempre fue el mismo desde la lección 1: el miedo y la idea de estar perdiendo algo, el temor a que, si nos perdemos en Dios, dejemos de ser quienes somos. Y en realidad somos quienes somos justamente porque somos el Hijo de la creación. Si el miedo es lo que más pesa, lee por qué el miedo no se enfrenta: se mira y se suelta.
¿Cómo practicar la lección 323 hoy?
- Repite la frase al comenzar el día y llévala a cada situación.
- Cuando aparezca miedo, recuerda que es lo único que puedes sacrificar, y suéltalo.
- Mira la imagen que te hiciste de ti y de cómo debes ser, y ábrete a liberarla.
- Abandona el sufrimiento, la angustia y los autoengaños que todavía queden.
- Hazlo con gusto: no es perder, es recuperar lo que eres.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Es un trabajo titánico porque requiere un amor y una cualidad de ver mucho más allá de lo que hemos visto. Pero estamos listos: llegamos a un punto muy profundo del camino. Como dice la lección, el amor ha regresado a nuestra conciencia, estamos en paz otra vez, pues el miedo ha desaparecido y lo único que queda es el amor. Si sientes culpa al soltar, mira cómo nace la culpa del sacrificio.
Si hoy el miedo sigue ahí, no lo tomes como un fracaso: es la práctica. Y si es muy intenso, busca también acompañamiento profesional. Mañana continuamos con la lección 324, No quiero ser guía. Quiero ser simplemente un seguidor.
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