Lección 66: Mi función y mi felicidad son una
¿Y si lo que haces con tanto esfuerzo, esa responsabilidad que te pesa, no es tu función? Esa pregunta incómoda es el corazón de la lección de hoy, que sigue a la lección 65, mi única función es la que Dios me dio y nos muestra una vez más ese mundo ilusorio que quizá todavía está en la mente y hay que perdonar.
¿Qué significa «Mi función y mi felicidad son una»?
Quizá pensabas que tu función era llevar dinero a tu hogar, cuidar a tus hijos, ser un ciudadano responsable, generar una familia saludable. Todo eso es muy loable y puede estar basado incluso en el amor. Pero cada vez que eso te ha llevado a preocuparte, a luchar, a pensar que en la familia había una traición, a tener miedo, había una desconexión muy clara entre la verdadera función que tienes y la felicidad. Porque la felicidad es nuestra naturaleza. Si te preguntas por qué sigues sin sentirla, quizá te sirva por qué no puedes ser feliz y por qué nadie te la puede dar.
¿Por qué una función razonable puede no serlo?
Porque, y es importante que lo sepas si nunca lo has pensado, no eres padre de nadie ni hijo de nadie más que de Dios. Lo otro son padres e hijos físicos, y eso no es real. El único padre verdadero, o madre, porque es ambos, es Dios, el que nos da la vida. Tus padres físicos son canales que te traen, y quizá tú trajiste a otro ser como un canal. Eso es lo único que eres, un canal, y no tienes ninguna potestad que no sea llevar amor incondicional a cada ser. Cada vez que eres portador de ese amor eres feliz, y esa es tu función; no hay otra.
Por eso es momento de soltar esas funciones engañosas, ligadas al egoísmo, que parecen muy loables hasta que empiezas a oler el tufillo del ego debajo. Quizá trabajas muchas horas, te sacrificas, te esfuerzas, y abajo hay pensamientos egoístas que tienden a reclamar, a quejarse, a ver las cosas difíciles. Si vendes fruta o eres el magnate de una corporación, en la mente de Dios es exactamente lo mismo, porque tu verdadero ser se mide por tu cualidad de hijo del gran espíritu. Y si quieres revisar de dónde viene lo que te mueve, tienes tu propósito en la vida, que no es lo que crees.
¿Cómo practicar la lección 66 hoy?
El Curso te invita a ser muy honesto, y si lo dice aquí es porque sabe que todavía nos estamos mintiendo. Estos son los pasos:
- Observa tu mente con muchísimo detenimiento y fíjate en las múltiples formas que ocupa tu función ilusoria. Viene aprendida.
- Pregúntate si esa función te produce preocupación, lucha o miedo.
- Revisa incluso las funciones espirituales: quizá dijiste «voy a ayudar a otros» y lo hiciste desde un lugar de ego, y eso también hay que observarlo.
- Perdona la función que tengas como padre, madre o en tu trabajo, sin culpa: ahí es donde perdonamos.
- Recuerda tu verdadera función: perdonar, tener una mente perdonada y ser la luz del mundo.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Si ser la luz del mundo no te produce felicidad, es porque te estás confundiendo de función, y no pasa nada. Quizá experimentes algún dolor porque sientes que dejas algo valioso atrás, pero lo único que estás soltando es la ilusión. Y así descubrimos nuestro único destino: que la función de ser la luz del mundo y de perdonar es exactamente la misma que la felicidad. El Espíritu no te pide nada, Dios no te pide nada: solo que perdones la ilusión que generas en tu interior para ser un salvador de este mundo. Si lo que aparece te desborda, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 67, el Amor me creó a su semejanza. Bendito seas.
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