Lección 65: Mi única función es la que Dios me dio
Imagina por un instante que llegas a los 70 u 80 años y miras tu vida en retrospectiva. ¿Cuánto de todo lo que viviste seguiría importando? Con esa pregunta se abre la lección de hoy, que viene después de la lección 64, que no me olvide de mi función. Podría llevarme media hora explicarla, así que me centro en lo que el Curso hace en nosotros.
¿Qué significa «Mi única función es la que Dios me dio»?
El Curso te da un esquema para que te desprogrames a ti mismo, para que seas quien te lleve al silencio y a la salvación. No es para contar tu cuento ni la historia de tu vida: tu historia da completamente igual. No importa en lo absoluto lo que has hecho hasta ahora. Tu vida es ahora. El texto tiene una frase hermosísima: Dios solo te conoce ahora. Todo lo que hiciste en tu pasado no existe en lo absoluto. No hay ley del karma ni causa y efecto: el cuerpo sí experimenta causa y efecto, pero al nivel espiritual tu mente es completamente pura, inocente y amorosa. Si quieres ahondar en esto, mira por qué soltar el pasado no es olvidarlo.
Esa función que Dios te dio la encuentras, y eso es paz y amor, liberándote de todas las pequeñas funcioncitas que te otorgaste o que aprendiste.
¿Por qué no te dice cuál es tu función?
Fíjate en que el Curso no es un dogma. No te dice que tu función sea hacer tal cosa, ponerte la capa de superhéroe o darle de comer a los niños en África. No te dice cuál es porque la función está en tu interior: lo único que hace es desprogramar todo el ruido de tu mente para que la voz de Dios te la diga. Esa voz es tu verdadera voz. De repente vas a sentir «no sé quién soy», y claro que no lo sabes. Vas a descubrir que eres mucho más de lo que puedes pensar, sentir o imaginar, porque, como vimos en la lección anterior, el hijo de Dios eres tú.
¿Cómo practicar la lección 65 hoy?
Aquí ya es cuestión de práctica, una disciplina que no estamos acostumbrados a tener. Si has practicado la meditación de observar tus pensamientos, quizá te fuiste entrenando, pero es momento de llevarla a otro nivel. El Curso te pide darle más tiempo, durante varios días. Estos son los pasos:
- Cierra los ojos y observa tu mente con absoluto detenimiento, pensamiento a pensamiento, sílaba a sílaba, letra a letra, sin que se te escape una coma mental.
- No busques los pensamientos amorosos: busca los de bloqueo, con atención plena.
- Cuando después de un rato te resulte más difícil detectarlos, pon más énfasis, sin esforzarte: solo observa y fíjate qué ocurre.
- Abre los ojos y deja tu mente con la frase «Mi única función» durante el día.
Si quieres otra puerta hacia esta observación, tienes cómo observar tu mente sin tensión, la mente alerta.
¿Qué cambia cuando la practicas?
No te quedes solo con leer esto: no sirve de nada si no haces esa práctica. Y esta práctica de observación de la mente no se reemplaza por mantras, ni por observar la respiración, ni por una clase de yoga. Dedícale este tiempo, porque te da la disciplina de observar tu pensamiento, de liberar los pensamientos de lucha y de guerra y de empezar a descubrir esa paz profunda que surge del interior y que luego se expresa a través de la salvación.
Si en la sesión de hoy te cuesta, no es un fallo: es justo lo que la práctica muestra. Mañana seguimos con la lección 66, mi función y mi felicidad son una. Bendito día el de hoy.
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