Lección 64: Que no olvide mi función
¿Cuántas veces al día piensas en lo que vas a hacer, en lo que no vas a hacer, en lo que te preocupa? Esa lista silenciosa tiene mucho que ver con la lección de hoy. Viene después de la lección 63, donde vimos que tu perdón da paz a todas las mentes y nos muestra con claridad que siempre estamos ante dos opciones.
¿Qué significa «Que no me olvide de mi función»?
El Curso te acompaña desde la dualidad hacia la unidad, y lo hace mostrándote que siempre tienes dos elecciones y solo una es verdad. No olvidar mi función es recordar que mi función en este mundo es perdonar. La lección arranca con otra manera de decir «no me dejes caer en la tentación». ¿Cuál es esa tentación? Creer que soy un cuerpo físico, ansiar cosas físicas, luchar por cuestiones físicas y ver a la otra persona solo como si fuera un cuerpo. Entonces el cuerpo me grita, me insulta, creo que es el cuerpo, y el Curso te dice que eso es demencia: no somos cuerpos.
¿Qué hay debajo de lo físico?
Te pierdes en la apariencia física, y debajo de lo físico está el reconocimiento espiritual, porque lo físico es una expresión que surge del espíritu. Cuando entiendes esto, lo físico da igual, porque estás viendo más allá. No es que desaparezca: estás eligiendo el perdón. Perdonas toda la carga que le pusiste a lo físico, a lo que el otro hacía o no hacía, a cómo te miraba, a sus palabras. Y al reconocer la función del perdón empiezas a desarmar toda esa arquitectura egocéntrica basada en luchar por la supervivencia. Nuestras sociedades parecen muy modernas, pero en última instancia lo que hacemos en el mundo que creamos en nuestra mente es luchar por la supervivencia del cuerpo, porque nuestro ser es eterno. Si el miedo es lo que más te ata, puede ayudarte por qué el miedo no se enfrenta: se mira y se suelta.
¿Cómo practicar la lección 64 hoy?
Esta es una de esas prácticas para empezar a tener pensamientos santos. Estos son los pasos:
- Cierra los ojos y haz una reflexión de 10 a 15 minutos.
- Permite que pensamientos afines vengan en tu ayuda: pensamientos de salvación y de amor incondicional que ya hay en tu mente.
- Dedícale un momento a que esos pensamientos tengan su lugar; si no, tu mente se llena de pensamientos del mundo: lo que voy a hacer, lo que no voy a hacer, la preocupación.
- Experimenta un instante de silencio: basta ese instante para reconocer la irrealidad de todos esos pensamientos que suelen ocuparte.
- Perdona todo lo que quede por perdonar.
Para el silencio puedes apoyarte en una mente serena, donde aparece Dios.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Ese mundo en el que vives, el que el Curso llama «el mundo», no existe en ningún lado más que en tu propio delirio. Cuando reconoces tu función y perdonas, de repente tu mente queda en silencio, en quietud, y ya no hay ninguna razón con sentido para sufrir, para padecer ni para seguir sosteniendo un mundo basado en ver los cuerpos como si tuvieran algún valor. Así es como el cuerpo se convierte en algo sagrado: hemos perdonado y soltado la visión física por la visión crística, la espiritual. Por eso es importante liberarnos de la tentación, y la de comer un chocolate es la de pensar que los pensamientos que te llevan a vivir ese mundo son reales.
Si hoy no logras silencio, vuelve a empezar sin exigirte: el trabajo es permitir que entren pensamientos de amor. Mañana seguimos con la lección 65, mi única función es la que Dios me dio. Bendito día este, donde afirmamos una vez más nuestra función.
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