Miedo al rechazo: nadie puede rechazarte
Le escribiste a alguien y te contestó con un «ok». O ni eso: el visto azul y nada más. Te quedas mirando la pantalla con un apretón en el estómago, repasando qué dijiste mal. Nadie te gritó, nadie te dijo que no, y aun así sientes que te dejaron afuera.
¿Qué es el miedo al rechazo y cómo se dispara?
Una emoción es una reacción a un estímulo. Pongamos un mensaje con un emoticono que no te gusta, una frase cortante, un visto sin respuesta. El estímulo viene de afuera, la emoción nace adentro, y en medio hay una traducción que hace tu mente: «me está rechazando». Llega tan rápido que no la ves; solo sientes la emoción. Es el mecanismo del perro de Pavlov con su campanilla: suena algo y la mente reacciona, aunque delante no haya nada.
Puedes seguir la cadena de porqués hacia atrás, me rechazaron de niño, mis padres no sabían, hasta donde quieras. Yo prefiero quedarme con lo que pasa ahora, porque sanar ocurre en el presente: hay un mensaje, hay una traducción y hay un cuerpo que se contrae. Eso sí se puede mirar hoy. Y la emoción no es buena ni mala; es una señal, como el hambre del cuerpo, que te dice «por aquí no es». No te pide que te alejes de esa persona, te pide que revises cómo lo estás percibiendo.
¿Por qué me siento rechazado si nadie me rechaza?
Porque el rechazo ocurre donde lo sientes, que es tu mente. Si siento que en el trabajo me rechazan, ¿dónde está ocurriendo ese rechazo? En mi mente. Si siento que no soy lo bastante atractivo para alguien, ¿dónde se decidió esa condición? En el mismo lugar.
Te cuento algo que quizá nadie te dijo: el otro nunca puede rechazarte. Cuando alguien se aleja, se enoja o contesta seco, solo está rechazando su propio equipaje, sus miedos, e intentando soltarlo sin saber cómo. Nadie puede rechazarte; siempre te estás rechazando tú, y lo que sufres es tu propio rechazo.
En las relaciones se ve con claridad. Mientras tú todavía te rechazas, lo que te encuentras es lo que te rechaza; cuando empiezas a amar al otro, lo que te encuentras es lo que te acepta. Y lo que rechazas en otra persona está en ti: el otro solo te lo muestra. Lo desarrollé en Rechazar al otro es rechazarte a ti.
¿Qué tiene que ver la necesidad de agradar y de aprobación?
Mucho. Si cada persona puede aprobarte o rechazarte, vives pendiente de caerles bien. Hay quien a los cincuenta años sigue buscando la aprobación de su padre, como si tuviera cuatro, y si el padre no aprueba se siente mal. Lo que haces entonces es juzgarte a través del otro.
Agradar tiene un costo que casi nadie suma: te callas lo que querrías decir por miedo a que el otro se ofenda o a perderlo, y mientras más te reprimes, más culpas al otro de lo que dejaste de ser. Por eso el respeto no es decir que sí a todo; ahí dejas de respetarte. Respetar es aceptar a la otra persona como es y aceptarte tú, sin traicionarte y sin negarte.
¿Cómo se supera el miedo al rechazo?
El miedo no se enfrenta a golpes de valentía: se mira. El Curso lo dice con una frase que repito mucho: no tengas miedo de mirar el miedo. Cuando lo observas con atención, sea el miedo al rechazo, a no ser amado o al fracaso, ese miedo no tiene poder sobre una mente que está presente. Casi todo miedo nace de la idea de estar separado de la vida y en conflicto con ella; lo conté en El miedo no se enfrenta: se mira y se suelta.
En las conferencias sobre miedos dejo siempre una pregunta para llevarse: ¿qué es lo que aún no me animo a decir, a sentir o a hacer? Ahí suele estar el miedo escondido. Y si quieres entender por qué te molesta en otros lo que no aceptas en ti, mira ¿Por qué veo en los demás lo que no acepto de mí?.
Hazlo con calma y en el presente, sin buscar culpables. Si el miedo te paraliza o aparece todos los días, busca también acompañamiento profesional; lo que cuento aquí no lo reemplaza.
Si quieres seguir mirando lo que te frena desde adentro, como la relación con tus padres, el estrés y la confianza en ti, en Cinco razones que bloquean nuestra vida tienes cinco clases gratuitas conmigo para hacerlo a tu ritmo.

