Lección 61: Soy la luz del mundo
¿Te incomoda decir «soy la luz del mundo»? Si algo en ti se encoge o te suena a soberbia, quédate un momento con esa reacción, porque de ella trata la lección de hoy. Llega después del repaso de la lección 60 y empieza a mostrarte una diferencia clara.
¿Qué significa «Soy la luz del mundo»?
Esta lección pone lado a lado dos cosas: un pensamiento egoico, arrogante, orgulloso, del estilo «ah, soy la luz del mundo», y soltar todo lo que piensas para descubrir que sencillamente esto es así. No es una opinión que debas tener ni algo que tengas que creer o a lo que debas convencerte. Por eso el Curso dice que la idea de hoy lleva todas las imágenes que forjaste ante la verdad y te hace soltar todo ese agobio, esa carga, ese peso. Empiezas a sentir la ligereza de vivir con una mente inocente, reconociendo el verdadero propósito que tienes.
Y ese propósito es el único que hay en esta tierra, como lo fue para Jesús y para tantos maestros. Sirve para alumbrar a un familiar que te necesita, a una persona que te hace una pregunta, a un ser querido o a alguien que no conoces y que aparece en tu vida sin que sepas por qué. ¿Por qué eres la luz del mundo? Es muy simple: porque Dios es tu luz. Por eso y nada más.
¿Cómo distinguir la arrogancia de la verdad?
Eres un salvador para este mundo, y esto tienes que tatuártelo, porque así es. Todos los maestros fueron salvadores y su mensaje nos llega. Cuando los lees o los escuchas no encuentras arrogancia: hay verdad pura y cristalina. Por eso la lección tiene que penetrarte por completo, atravesar cada una de tus células, cada uno de tus huesos, y llegar hasta tu corazón.
Eres la luz de este mundo, pero no el yo que te cuentas: el que nació en tal año, al que le gusta tal comida, al que le cuesta esto. Ese yo es tu ego. Puedes seguir llamándolo «yo», pero no tiene ningún sentido: es un vacío. Cuando dices «a mí me parece» o «yo opino», ahí habla el ego, y si quieres entenderlo mejor te cuento qué es el ego según el Curso. La voz de Dios no opina: sabe. El trabajo es pasar de esa percepción egoísta al conocimiento real de lo que eres. Y si lo dices con orgullo, ya sabes que te desviaste: vuelve a la verdad que nos alumbra.
¿Cómo practicar la lección 61 hoy?
Te lo digo con claridad: acompáñate con esta idea e insiste como nunca insististe. Estos son los pasos:
- Repite «Soy la luz del mundo» durante el día, tantas veces como puedas.
- Suelta todo lo que piensas, todo lo que te cuentas, todo lo que sientes y todas tus experiencias. Tu pasado da igual.
- Deja que la idea entre sin discutirla: no tienes que creerla, solo permitir que te atraviese.
- Si notas que suena a orgullo, distingue: esa es la voz del ego. La verdad no necesita opinar.
- No te quedes solo con leer o escuchar estas lecciones: haz la práctica.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Si lees o escuchas las lecciones y no haces las prácticas, pasan, te atraviesan y queda vacío. Porque el trabajo es la práctica: que lo sientas en tu corazón y empiece a emanar. Entonces llegará alguien, te tocará la puerta, sabrás que eres la luz del mundo y lo alumbrarás, sin que tenga nada que ver con tu yo personal. Tiene que ver con nuestra cualidad divina y con quienes realmente somos, a imagen y semejanza. Las personas que despiertan lo reconocen, y alumbran sin decirlo: su sola presencia es paz, dicha y felicidad.
Si hoy no sientes nada especial, no pasa nada: insiste. Hoy te toca sentarte en este trono santo, en este trono divino, y ocupar tu verdadero lugar en el mundo, que no es ser hijo, pareja, cuñado ni tío, sino ser un salvador y ser la luz de este mundo. Mañana seguimos con la lección 62, perdonar es mi función por ser la luz del mundo. Bendito seas.
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