La iluminación no es para santos: es tu estado natural
Vivimos atrapados en conceptos
Hoy vivimos atrapados en conceptos. No en cosas reales, sino en ideas que tenemos en la mente y que terminan traicionándonos, y terminamos sufriendo. La iluminación es otro concepto más. Cuando uno empieza a estudiar maestros, se vuelve otro objetivo a alcanzar: algo que algunos lograron, que es muy difícil, para lo que hay que ser especial.
En realidad esa luz ya está adentro. No hay más que verla. Como dice Un Curso de Milagros, la iluminación es un reconocimiento. No es que tú vas a hacer una práctica para iluminarte.
¿Necesitas una práctica para existir?
Esto lo digo incluso después de guiar una práctica: en un punto, todas las prácticas son un engaño. Sirven hasta un punto, sí. Pero te pregunto: ¿necesitas alguna práctica ahora para existir? Si te digo «ponte la pierna atrás de la cabeza», ¿te iluminaste? ¿Y si retienes la respiración y la sueltas en dieciocho tiempos? Nadie tiene que practicar nada para ser lo que es.
«El día en el que me iluminé», simplemente quiere decir el día en el que me di cuenta que no hay nada que alcanzar, que no hay ningún lugar a donde ir, que no hay nada que hacer. Ya somos divinos y ya somos perfectos como somos.
— Osho, Autobiografía
La iluminación es el estado natural en el que existimos, pero no lo vemos porque estamos perdidos en nuestro pensamiento. Cuando el pensamiento deja de existir, lo que aparece es esa luz natural. Hay personas que están dormidas en su propio pensamiento o en su imaginación, y lo único que hay que hacer es soltar eso: el ego, la mente que se pierde, las preocupaciones, los conflictos. A ese estado natural de paz, de conciencia, de presencia, lo podemos llamar iluminación o realización.
Cuidado con los fuegos artificiales
A veces hay una espera de fuegos artificiales: quiero despertar la kundalini, quiero que se me aparezca algo. Les cuento una enseñanza muy hermosa. Ramana Maharshi tuvo un discípulo que fue uno de los maestros más hermosos que hubo en este mundo: Papaji. Papaji era de tal altura que los dioses se le aparecían; los veía, jugaba con ellos. Una vez se fue a un monte y estuvo un par de días conectado con Krishna, la voz que da el mensaje en el Bhagavad Gita. Estaba superentusiasmado: ¿qué puede ser más elevado que vivir de manera directa la experiencia de Krishna? Es como si ahora se te apareciera Jesús y empezara a multiplicar los panes delante de ti.
Y cuando se lo cuenta a Ramana Maharshi, él le dice: si a Krishna lo ves afuera, si todavía a Dios lo ves afuera, es que no lo entendiste, porque está dentro. Si lo ves afuera, sigue siendo una proyección, una imagen, algo que aparece y desaparece. Si aparece y desaparece, no es. Lo real no aparece ni desaparece. Lo real es permanente, es constante, es eterno.
Descubrir lo eterno en ti
En ese sentido podemos decir que la iluminación es descubrir eso que es eterno en nosotros y que está todo el tiempo. Nadie puede decirme «espera, Gabriel, yo ahora no estoy existiendo». Tú existes. Existes en tanto humano con un cuerpo físico, sí, pero también en tanto conciencia, como un ser eterno.
Yo lo vislumbré por primera vez una madrugada, cuando todavía me dedicaba a la música, leyendo un libro sobre el zen: de pronto mi mente quedó en blanco. No había nada. Es lo que el zen llama un estado de no mente, un estado donde no estoy pensando, no estoy girando. Ahí entendí que había una forma de experimentarme como ser humano sin el loco que habla en la cabeza.
La santidad está en tu interior
Cuando puedes conectar o despertar a esa conciencia, la iluminación deja de ser un concepto para antiguos o para santos. De pronto te das cuenta de que la santidad, como dice Un Curso de Milagros, está en tu interior, y que esa experiencia de paz, de alegría y de luz es tu santidad. Pero no es tuya como algo propio: es tu naturaleza, con la cual fuiste creado y con la cual existes ahora.
Hay un cuento muy bonito que cuenta Eckhart Tolle, un maestro alemán, al inicio de uno de sus libros. Un mendigo se sentaba todos los días de su vida sobre un cofre a pedir limosna, algo para poder comer ese día. Cuando muere, alguien abre el cofre por curiosidad y descubre que adentro había una riqueza infinita. Estuvo toda su vida sentado sobre esa riqueza, mendigando una moneda. Eso somos nosotros: tenemos toda la riqueza adentro y estamos mendigando un cariño, alguien que nos aplauda, alguien que nos acepte. Todos los caminos llevan acá. Ya está ahí.


