Lección 76: Solo me gobiernan las leyes de Dios
¿Y si lo que más te preocupa cada día —el dinero que falta, la salud del cuerpo, la compañía que no está— no fuera lo que crees que es? Hoy el Curso te muestra algo que incomoda: que las reglas con las que organizas tu vida no son las que de verdad te gobiernan. Llega justo después de la lección 75, donde descubrimos que la luz ha llegado, y es de las más profundas del libro de ejercicios.
¿Qué significa «No me gobiernan otras leyes que las de Dios»?
Te invito a leer esta lección con calma, a hacerte todas las preguntas que plantea y a practicarla. El Curso te explica en el texto que hay que invertir nuestra forma de pensar, porque estamos pensando al revés. Y aquí pone en cuestión todas las ideas del mundo que fabricamos: un mundo ilusorio, de completa demencia, que nosotros mismos seguimos generando.
Te pregunta, por ejemplo, si de verdad crees que sufrirías hambre si no fuera por el dinero, o si una pequeña píldora, o un fluido inyectado con una aguja fina, te resguarda de la enfermedad y de la muerte. Nosotros todavía tenemos esa creencia, y el Curso le llama magia a nuestra medicina. Pero fíjate en cómo lo dice: si tienes miedo de soltar todo eso, no lo sueltes todavía; aún no estás preparado. Cuando llegue el momento de verdad, vas a reconocer las leyes de Dios.
Tenemos un código penal para castigar a quien se porta mal, una economía entera, ideas sobre la nutrición y sobre la salud. El Curso viene, tira todo abajo y te dice: esas no son las leyes de Dios. Dios te creó perfecto; no te creó como un cuerpo, y por eso no tienes que luchar por él. Las leyes de Dios no son las leyes de la materia, ni las de la termodinámica, ni las de la nutrición o la fisiología. Si el dinero te pesa más de lo que quisieras, te ayudará ver la abundancia que no se puede perder.
¿Por qué cuesta tanto soltar las leyes que fabricamos?
Porque tenemos tres ídolos: el dios del dinero, el dios del cuerpo y el dios de tener otro cuerpo presente a nuestro lado. El Curso te pregunta si crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo, y ahí se ve hasta qué punto nuestras ideas siguen basadas en todo esto. Por eso, en la antigüedad, tanta gente se iba sola a meditar a la montaña y descubría la verdad sin necesitar a nadie más.
El Curso dice además que el sufrimiento corporal es una máscara de la que se vale la mente para ocultar lo que realmente sufre. Y lo que sufre no es el cuerpo: es nuestro interior, el famoso dolor del corazón, porque en el fondo sabemos que no somos esto. Imagina el final de la vida de alguien que dedicó todo su tiempo a cuidar su cuerpo, a tomar medicinas, a trabajar y a sacrificarse por dinero. Llega el momento final y se pregunta: ¿esto para qué lo hice? Nuestro verdadero propósito es descubrir las leyes eternas, no las de la cultura en la que vivimos; esas van a cambiar.
Te soy sincero: esta lección es tan profunda que no puedo explicarla del todo ni comprenderla por completo, pero sé que es real y sé que es verdad. No hace falta entenderla entera para empezar a practicarla. Y para ver qué parte de ti sigue apoyándose en el cuerpo y en el dinero, te sirve repasar qué es el ego según el Curso.
¿Cómo practicar la lección 76 hoy?
Primero, que quede claro lo que no te pide: no te pide descuidar tu cuerpo ni salir a rebelarte contra nada. Hoy respetas las normas porque otras personas las respetan y porque, si lo haces desde el amor, todo está bien. Se trata de llevar paz y de ser portador de salud y de esa paz. Así lo practico:
- Lee la lección completa y hazte las preguntas que plantea.
- Observa en qué ideas tuyas sobre el dinero, el cuerpo y la compañía sigues apoyándote para sentirte a salvo.
- Cuando aparezca un temor por alguna de esas tres cosas, recuerda que las leyes que de verdad te gobiernan son las de Dios.
- Vive desde el amor y haz lo que surja desde el amor, incluido cuidar tu cuerpo con total normalidad.
Si el miedo por tu salud o por tu economía te desborda, apóyate también en profesionales: la lección no te pide soltar nada antes de tiempo.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no la entiendes?
El Curso tiene una frase fascinante: «Las leyes del amor no dejan de funcionar porque estés dormido». Por eso hoy es el día para despertar, para reconocer esas leyes y empezar a entender que no somos cuerpos físicos y que todos los resentimientos surgen de la creencia de serlo. Ir más allá de lo físico es descubrir esa luz que ayer ya sentenciamos en nuestro interior: la luz ha llegado.
Si hoy no lo comprendes del todo, no pasa nada. Después de tantas prácticas, el Curso solo te propone que empieces a escuchar la voz de Dios, a comprender esas leyes y a vivir según el amor. Mañana seguimos con la lección 77, tengo derecho a los milagros.
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