Lección 77: Tengo derecho a los milagros
«Eso les pasa a otros.» ¿Cuántas veces lo has pensado cuando alguien contó que algo se acomodó, que una puerta se abrió, que la paz llegó de golpe? Hoy el Curso te dice lo contrario: tienes derecho a los milagros. Viene después de la lección 76, donde vimos que solo te gobiernan las leyes de Dios, y es su continuación natural.
¿Qué significa «Tengo derecho a los milagros»?
Cuando empezamos a entender las leyes de Dios, descubrimos que no son las de las religiones, ni las de los institutos, ni las de la filosofía o la ética. Son leyes que todavía estamos por conocer en nuestro interior, por reconocer: es el reconocimiento de Dios y de la fuente de la vida. No tienen que ver solo con el ser humano, porque rigen todo. Nosotros dictamos leyes para los humanos según el lugar donde viven, el documento que tienen o el sitio donde nacieron. Las de Dios no funcionan así.
Hoy estamos aquí para reconocer milagros: es un curso de milagros. Esos milagros son naturales porque surgen de Dios, del amor de Dios. Cuando vivimos una situación así, la llamamos milagro, y el Curso lo confirma, pero a la vez te dice que los milagros son espontáneos y naturales, y que si no ocurren, algo raro hay. Ese algo raro ya sabemos cómo se llama: el ego. Si quieres profundizar en lo que es un milagro, lee qué es un milagro según el Curso.
¿Por qué un milagro se comparte en vez de guardarse?
Porque en esta inversión del pensamiento estamos pasando del plan del ego al plan de la salvación, y con eso se acaba la mentalidad de carencia. Cuando haces un milagro, no es que otro no pueda recibirlo: la ley de Dios es la ley de la expansión, la ley del universo, la ley del amor. Cada milagro que reconoces se expande a cada uno de nosotros.
Cuando tu mente está en modo milagroso —el Curso habla de un obrador de milagros— puedes llevar ese milagro adonde vayas. Cada persona que se cruce contigo y reconozca ese amor en tu mirada, en tus ojos y en tu palabra, lo va a experimentar a través de ti. Y lo que estás observando entonces no es la ley de la mecánica física ni la de la fisiología: es la ley de Dios. Cuando nuestra mente, creadora a imagen y semejanza, se alinea y empieza a observar el milagro de la vida, es imposible que no estén ocurriendo milagros. Es lo mismo que explico en lo que das, te lo das a ti.
¿Cómo practicar la lección 77 hoy?
Es una práctica sencilla y se hace durante todo el día:
- Repite «Tengo derecho a los milagros» como una afirmación: sí, tengo derecho a los milagros.
- Pídelo cada vez que se presente una situación que lo requiera. Pídelo, pídelo, pídelo.
- Obsérvalo cuando llegue: lo que ves es la ley de Dios, no la ley de la mecánica ni la de la fisiología.
- Ofrécelo. Hoy toca aceptar los milagros que suceden y compartirlos, porque cuando los ofreces es cuando los recibes.
Recuerda esto: el milagro es algo que se comparte. Cuando llega a tu mente te da alegría, te libera, te sana, te abraza, y puede empezar a extenderse hacia otras mentes.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no ves ningún milagro?
Aquí empezamos a entender las leyes de Dios: todas las mentes están conectadas. Con el milagro que hoy reconozco en mí, le abro la puerta a todos los seres para que reconozcan ese derecho que tenemos —un derecho divino— a vivir milagros. Por eso hoy es un día tan importante: asentamos en nuestra mente la aceptación de los milagros que suceden y los ofrecemos.
Si hoy no ves nada especial, no te lo tomes como una señal de que no te corresponde. Te lo digo con confianza: los vas a empezar a vivir. Sigue pidiendo y observando. Mañana seguimos con la lección 78, que los milagros reemplacen todos mis resentimientos. Que hoy sea un día de milagros, un día de amor y de empezar a entender eso tan hermoso que llamamos las leyes de Dios. Bendito día.
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