Lección 327: Basta llamar y Dios responde
¿Cuántas veces has preguntado en tu interior si vas bien, si este es tu camino, si lo estás haciendo como corresponde? Hoy el Curso no te pide que lo creas por fe: te pide que lo compruebes. Venimos de la lección 326, donde vimos que somos un efecto de Dios, y esta lección es muy clara sobre cómo seguir.
¿Qué significa «No necesito más que llamar y Tú me contestarás»?
Aquí no se trata de un nuevo dogma, ni de un nuevo ídolo, ni de confiar a ciegas. En última instancia eso ya está en tu corazón y es sabiduría, pero estamos trabajando en un plano de deshacer lo que todavía queda por deshacer. Por eso Jesús es tan explícito: no se te pide aceptar la salvación sobre la base de una fe ciega. Dios ha prometido que oirá tu llamada y que Él mismo te contestará.
Nuestro trabajo es certificar esto. Tener la certeza que nace de haber confirmado, una por una, las lecciones que hemos hecho. Por eso la lección pide aprender mediante tu propia experiencia que es verdad.
¿Por qué sigo dudando si lo estoy haciendo bien?
Mientras la voz de Dios no suene con claridad en tu interior, va a haber dudas y problemas en tu mente: ¿lo estaré haciendo bien?, ¿será este mi camino? Por eso tenemos que pedir esa respuesta. Esa respuesta está, y esa respuesta llega. Lo que hace falta no es fe ciega, sino escuchar. Tu experiencia es lo que certifica la voz de Dios: la claridad con la que llega el mensaje, con la que pides y realmente escuchas.
Y fíjate en algo bonito: la respuesta es única. Está en ti, está en mí y está en cada ser, y es la misma. Por eso la promesa es la misma para todo el Hijo de Dios, la solución es la misma y lo que somos es lo mismo. Si te interesa este tema, mira cómo escuchar al Espíritu Santo según el Curso.
¿Cómo practicar la lección 327 hoy?
No es algo que se resuelva en una sola práctica, pero hoy puedes abrir la puerta para tener claridad. Estos son los pasos:
- Haz tu pregunta en voz interior, con sencillez: llama.
- Pide la respuesta. No hace falta más que eso.
- Silencia la mente y escucha. Aparecerá un pensamiento y luego otro; no te frustres, vuelve al silencio.
- Recibe la respuesta tal como llegue. No es con palabras, pero si es necesario te llegará en forma de palabras.
- Repite esto instante a instante durante el día, no solo en la práctica formal.
¿Qué cambia cuando lo pruebo, y si no escucho nada?
Esto no falla; solo hay que testearlo. Siempre que llamamos y pedimos, recibimos esa contestación, y eso nos lleva a un punto más elevado de confianza y claridad. Al principio, silenciar la mente y escuchar es uno de los desafíos más grandes, porque tu mente habla y parece que nunca se detiene. Pero nunca un hijo de Dios hace una pregunta y queda sin respuesta, porque la respuesta está siempre en tu interior y es parte de lo que eres. En el silencio entre dos pensamientos, donde se escucha a Dios encontrarás una ayuda para ese primer paso.
Con la práctica, la experiencia te dará certeza cuando estés con un hermano, con otra persona, y reconozcas en cada situación la verdad infinita. Si hoy no escuchas nada claro, no lo tomes como un fracaso: sigue llamando. Mañana continuamos con la lección 328, Elijo estar en segundo lugar para obtener el primero. Hoy lo único que hacemos, y no hace falta más, es llamar para recibir la respuesta de Dios.
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