Lección 335: Elijo ver la impecabilidad del otro
Piensas en alguien que te cuesta, quizá una pareja, un hijo o un compañero. Estás convencido de verlo tal como es. ¿Y si lo que ves dice más de lo que buscas que de él? Esa es la pregunta que abre la lección de hoy, que sigue a la lección 334, donde reclamamos los regalos del perdón.
¿Qué significa «Elijo ver la impecabilidad de mi hermano»?
Esta lección nunca se termina: siempre hay que estar haciéndola y haciéndola. En esta parte del Curso, algo que antes leíamos extendido en el texto aparece de forma muy sintética, porque ya nos toca ir directo a la práctica. Primero te explica que perdonar es una elección. Y luego dice algo que puede ser chocante: nunca veo a mi hermano tal como es, porque eso está mucho más allá de la percepción. No puedo percibir la verdad que hay en ti ni verte tal como eres.
Entonces, ¿qué veo cuando miro a una pareja, a un amigo, a un hijo, o a alguien que veo por primera vez? Veo lo que deseo ver; lo que quiero que sea verdad. Y no es una diferencia menor que, tras todo este proceso tan profundo, ahora busques ver la luz que hay en el otro en lugar de la proyección de tu mente. Impecabilidad es, para mí, la pureza infinita que hay en el otro.
¿Por qué cuesta tanto cambiar lo que veo?
Porque creemos que respondemos a los acontecimientos externos, y no es así: siempre respondes a lo que estás buscando en el otro. Al principio, quizá uno empieza un camino pensando que va a cambiar lo externo. En realidad lo que cambia es la forma de percibir, y por supuesto los acontecimientos también cambian, porque cambia nuestra vibración. Pero es mucho más profundo que eso. El Curso nos hace pasar de la percepción, liberada, hacia el conocimiento. Para entender mejor cómo se forman esas imágenes, lee por qué ves en los demás lo que no aceptas de ti.
¿Cómo practicar la lección 335 hoy?
- Elige conscientemente lo que deseas contemplar: eso, y solo eso, es lo que ves.
- Desea con mucho amor, con énfasis y con voluntad ver la impecabilidad en la persona que tengas delante.
- Haz lo mismo en las situaciones que parecen complicadas y en las que parecen sencillas: no hay niveles de dificultad en los milagros.
- Sé persistente. No importa cuánto practiques, siempre puedes ver un poco más, y la profundidad será mayor.
- Mira a tu hermano en la santa luz de su inocencia.
La vida te va a traer la situación para que puedas verla. A veces será una persona en la que reconocer la impecabilidad es clarísimo, brillante, lúcido. Otras veces te parecerá más complicado. En ambos casos hay que verla. Para profundizar, te recomiendo qué significa que toda la creación es inocente.
¿Qué cambia cuando lo practicas?
La impecabilidad de mi hermano me muestra que quiero contemplar la mía propia. Es la famosa ley del espejo. Voy a ser sincero: al principio es un truco del Curso para que lo veas en ti. Perdonas al otro, y te estás perdonando. Ves el amor en el otro, y estás viendo el amor que hay en ti. Liberas lo que proyectaste en el otro, y estás liberando tu proyección. Al principio se trabaja mucho así y ayuda mucho. Pero cuando ves de verdad la impecabilidad en el otro, reconoces la propia.
Este es el gran atajo del Curso: reconocer nuestra pureza y nuestra santidad a través de los otros, y después en nosotros. Si hoy no sientes nada, no pasa nada: es una práctica esencial de la salvación y la liberación que pedimos, y es tan simple como elegir ver la impecabilidad en cada uno de mis hermanos. Mañana seguimos con la lección 336, donde el perdón nos enseña que todas las mentes están unidas.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

