Lección 330: Hoy no vuelvo a hacerme daño
«Me traicionó». Lo piensas, y entonces aparece una explicación de por qué lo hizo, luego un recuerdo, luego otro, y de pronto llevas una hora dándole vueltas. La lección 330 apunta justo ahí. Venimos de la lección 329, donde vimos que la voluntad de Dios ya se hace, y hoy el Curso nos pide algo muy concreto: dejar de hacernos daño.
¿Qué significa «Hoy no volveré a hacerme daño»?
Quiero que veas que el trabajo que hacemos es con palabras humanas, con lenguaje humano, y que a través de eso buscamos reconocer algo que está mucho más allá. Las palabras son símbolos, y a veces esos símbolos son los que nos atrapan. Piensas que te traicionaron, explicas por qué, traes un recuerdo, y así la mente trabaja. Y es solo un símbolo. Si borraras de tu vocabulario, por decir así, la palabra «traición», se liberaría todo lo que habías pensado alrededor.
Lo mismo con la palabra «padre» o «madre» en términos terrenales: si la sueltas y te quedas con padre y madre en términos divinos, se suelta todo ese sufrimiento. Los símbolos los hemos creado nosotros y tienen que ver con nuestra humanidad, no con nuestra divinidad. Esto lo explico más en cómo perdonar a quien te lastimó sin justificarlo.
¿Por qué atacar mi mente es hacerme daño?
La lección dice: aceptemos hoy que el perdón es nuestra única función; ¿por qué atacar nuestras mentes y ofrecerles imágenes de dolor? Cada vez que atacas a alguien o algo en tu mente, te atacas a través de otro y siembras pensamientos de ilusión, de resentimiento, de confusión. Hoy nos prometemos no volver a hacerlo. Y no es una lección de un solo día: es una observación constante.
Cuando vas más allá de las palabras, la mente pierde la capacidad de perderse en ellas. Si digo «Dios», es solo una palabra. Pero lo que encuentro en mi interior, eso es lo real; y entonces le pongo la palabra Dios, o la palabra Espíritu Santo a una voz que me transmite amor, o la palabra hermano a algo que veo y empiezo a integrar como parte mía.
¿Cómo practicar la lección 330 hoy?
Estos son los pasos:
- Observa durante el día cómo atacas en tu mente a algo o a alguien, y qué imagen de dolor te ofreces.
- Reconoce que la palabra con la que lo cuentas, «traición», «abandono», es solo un símbolo.
- Prométete, por hoy, no volver a atacarte a través de otro.
- Acepta que el perdón es tu única función mientras sientas cualquier grado de separación.
- Reconoce que es imposible hacerle daño al Hijo de Dios, y que si crees sufrir es porque no reconoces la identidad que compartes con Dios.
¿Qué cambia cuando dejo de atacarme?
La mente que acepta los regalos de Dios es reinstaurada al Espíritu. Y aquí hay una precisión importante: no es que hayamos estado separados del Espíritu, es que hemos creído estarlo. Cuando la mente se cree separada, se experimenta como separada: me siento solo, me siento triste, no entiendo lo que pasa. Pero eso es la mente imaginando un escenario. Hoy reconoces que es imposible, y entonces puedes decir: siempre estuve en Dios, en el único lugar en el que se puede estar. Para profundizar, mira qué es la separación según el Curso.
Eso que siempre buscaste y soñaste es exactamente lo que eres, lo que siempre has sido y lo que siempre serás. Si el dolor que arrastras es muy grande, busca también acompañamiento profesional. Mañana seguimos con la lección 331, El conflicto no existe. Hoy sembramos esto en el corazón, y así hoy no volveremos a hacernos daño.
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