Lección 334: Reclama los regalos del perdón
Llegas al final del día sin saber bien qué te pasó, pero con una molestia general encima. No fue algo grande: fueron pequeñas cosas que se fueron sumando. ¿Y si junto a esa molestia hay un regalo que no estás viendo? De eso trata la lección de hoy, que sigue a la lección 333, donde vimos que el perdón pone fin al sueño de conflicto.
¿Qué significa «Hoy reclamo los regalos que el perdón otorga»?
A veces no somos conscientes de situaciones que todavía no estamos perdonando, o que, como veíamos ayer, siguen en conflicto y las justificamos. Por eso es importante empezar a tener una mente total: una mente que ve todas las situaciones como la misma situación, donde no hay dificultad para realizar el milagro, practicar el perdón y liberarte.
Ayer trabajamos con micro-conflictos, esos que se acumulan y dejan una sensación de malestar. Hoy te quiero hablar de otra cosa: de las situaciones que están muy ancladas en tu mente desde hace mucho. Ahí todavía no reconocemos los regalos divinos que llegan cuando por fin perdonamos. Y la propuesta de esta lección es clara: no esperar ni un solo día más para encontrar los tesoros que el Padre nos ofrece.
¿Por qué cuesta recibir el regalo en lo más antiguo?
Porque hay dolores viejos que, aunque el tiempo no existe, llevamos viviendo desde hace mucho, y el tiempo parece darles un certificado de que son correctos. Pero la salvación es el deshacer de todo eso. Una ilusión sigue siendo una ilusión, no importa cuándo haya comenzado. Muchas veces el regalo no llega simplemente porque no sabíamos que el perdón también se puede aplicar ahí. Si es tu caso, te ayudará leer por qué soltar el pasado no es olvidarlo.
Te invito a verlo en todas las situaciones, apoyándote en la experiencia que ya tienes de los milagros y regalos que has ido recibiendo. En cada conversación, en cada encuentro, en cada momento en que estás sin compañía, hay un regalo. A solas no estamos nunca, porque siempre estamos en la mente de Dios.
¿Cómo practicar la lección 334 hoy?
- Repasa tus situaciones del día, y también las más antiguas, y pregúntate dónde todavía falta perdón.
- Elige escuchar la voz de Dios, que ofrece su paz a todos los que escuchan y eligen seguirla. Esto es lo que decides hoy.
- Recibe el regalo que te corresponde en cada situación: un milagro que te libera, te abre y te sana.
- Busca solo lo eterno. Si observas bien, toda preocupación y todo problema están atados al tiempo.
- Contempla a tu hermano sin mancha alguna de pecado.
Quiero que veas lo eterno de forma simple: es lo que existe aquí y ahora, y existe siempre. Puedes reconocer que tu ser está aquí y que no hubo ningún momento de tu memoria en que no haya existido. Hablo del ser que mora en tu interior, no del yo fabricado. Es la creación misma, el Hijo de Dios. Para sentir esa presencia, puedes apoyarte en la paz interior como tu estado natural.
¿Qué cambia cuando reclamas el regalo?
Cuando empiezas a ver a tu hermano como impecable, reconoces eso en tu interior, porque el otro es un espejo: en él proyectas tu ego o extiendes el amor que eres. Esa es la conclusión a la que siempre se llega cuando eliges liberarte.
Llévala hasta sus últimas consecuencias, para que no haya ningún ámbito en que no recibas el regalo que te corresponde. Si hoy no ves ningún regalo, no lo tomes como fracaso: sigue practicando, y si un dolor es muy intenso, acompáñate de un profesional. Mañana seguimos con la lección 335, elijo ver la impecabilidad de mi hermano. Qué hermosa y bendita práctica es esta.
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