Lección 344: Lo que das te lo das a ti
Le haces un favor a alguien y, sin darte cuenta, esperas algo. O le guardas rencor y, más tarde, notas que el que se sintió peor fuiste tú. La lección de hoy pone nombre a eso. Llega después de la lección 343, donde vimos que no hace falta ningún sacrificio, y la completa.
¿Qué significa aprender la ley del amor?
Algunos le llaman ley del espejo, ley del reflejo. Lo que nos toca descubrir hoy es exactamente eso: siempre nos estamos dando a nosotros, porque somos la mente, y la mente funciona y se expande a través del dar, en este plano y en todos. Es la ley del reino de los cielos, de la que se habla en un capítulo del Curso.
Jesús comienza diciendo «esa es tu ley, Padre mío, no la mía». No es algo que alguien reglamente o legisle; así funciona, de manera exacta. Cuando uno reconoce eso, no puede menos que darlo todo. Y una vez más te recuerdo: dar no significa dar dinero. Si quieres dar dinero, adelante. Pero estamos hablando de mente. La mente da. Lo que cuenta no es lo que muestran tus manos, ni lo que dicen tus labios, ni lo que mira tu mirada, sino lo que hay detrás de todo eso, que es el amor, y el amor se expande porque no puede ser contenido.
¿Por qué nos cuesta darlo todo?
Porque creímos que quedarnos con lo que deseábamos nos protegía. La oración lo dice así: al no comprender lo que significaba dar, procuré quedarme con lo deseado solo para mí, y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío donde nunca hubo nada. Ese vacío, esa angustia existencial, esa falta de sentido, fue lo que nos llevó a despertar. Yo pedí recibirlo todo, y sabía que eso involucraba la contraparte: darlo todo. Cuando uno lo da todo, empieza a recibirlo todo. Esto se entiende mejor al leer por qué, al dar, también recibimos.
¿Cómo practicar la lección 344 hoy?
Estos son los pasos:
- Repite la frase de la lección al empezar el día.
- Mira a cada hermano que aparece y reconoce: todo lo que doy me lo estoy dando.
- Da desde la mente, aunque tu mano no entregue nada visible.
- Refuerza la idea del perdón y de la ley del amor: las ideas que refuerzas son las que se expanden.
- Si lo necesitas, lee varias veces el escrito de la lección para integrarlo a tu mente consciente.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Lo que ves y recibes empieza a ser sanación y, más allá de la sanación, amor. Vas a sentir esa arca que es tu propio corazón y ese cielo que es tu mente libre, e impecable, y vas a observar a tus hermanos redimidos. La dicha es la naturaleza de la mente divina. Es la manera en que la mente vuelve a reconocerse como una. Para ver cómo esta ley opera en la enseñanza, mira también por qué lo que enseñas, lo aprendes. Mañana seguimos con la lección 345, donde solo ofrezco milagros.
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