Lección 341: No ataques, ahí está tu salvación
Terminas de leer sobre lo que es un milagro y piensas: qué profundo, pero hoy, ¿qué hago? Esta lección responde justo a eso. Llega después de la lección 340, donde vimos que puedes liberarte de todo sufrimiento, y es la primera tras entender qué es un milagro. Nos muestra qué hacer.
¿Qué significa «Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad»?
Lo que haces hoy es muy simple: no ataques. Ningún tipo de ataque sobre nada que exista, experimentes o pienses. Si tengo un pensamiento del ego, no ataco al ego. Si alguien me dice algo que no me gusta, no lo ataco. Y no hablo solo de lo verbal: no lo ataco en mi mente. El perdón ocurre en mi mente.
¿Por qué? Porque lo que estoy atacando es mi propio ser, mi propia impecabilidad, mi ausencia de pecados. Creo que pequé, pero esa impecabilidad es lo que me mantiene a salvo y es la salvación en sí. Por eso el Curso dice que en ella se encuentra la palabra que Dios nos ha dado. No es algo físico ni visible, es simplemente real. El cuerpo es una experiencia temporal; esto es eterno. Además, un ataque nunca está justificado: es un signo de demencia, y lo que hay que hacer es perdonarlo por completo.
¿Por qué el ataque pasa desapercibido?
Porque no hace falta decirle algo al otro. Despiertas por la mañana y empiezas a pensar, y en esos pensamientos hay ataque. Caminas, ves algo que no te gusta, y en ese «no me gusta» hay ataque. Tienes pensamientos que no quieres y los atacas a ellos también. Todo se experimenta en tu mente. El ego solo puede sobrevivir de ataque; sin ataque, no tiene de qué vivir. Si quieres entender mejor ese mecanismo, lee qué es el ego según el Curso.
Y por debajo de esa superficie está la impecabilidad, intocable, que no puede ser tocada. Lo que hacemos es llevar la conciencia del plano del ego al plano de la voz de Dios y reconocerla. Si no escuchas esa voz, probablemente estés vibrando en la mente inferior, y hoy te toca elevarte.
¿Cómo practicar la lección 341 hoy?
Estos son los pasos:
- Repite la frase de la lección al empezar el día y cada vez que la recuerdes.
- Observa cada pensamiento de ataque que haya en tu mente, sin contarte ninguna historia.
- Libéralos todos, hasta el último. Nada de lo que te atacó vino de afuera: siempre fue tu propia mente.
- Cuando sueltes el ataque, deja que arranque la oración del texto: «Padre, tu Hijo es santo».
- Trae recuerdos de las personas que pasaron por tu vida y agradece a cada una.
¿Qué cambia cuando dejas de atacar?
Sin ataque, lo único que queda es la belleza, la compasión y el amor. Vas a ver a cada hermano, vas a decir gracias, y la palabra de Dios va a suceder. Para hacer lo mismo con el enojo cotidiano, tienes cómo soltar el enojo en cuatro pasos, y qué es un milagro según el Curso completa la idea. Si hoy no ves el cambio inmediato, no pasa nada: repite de manera constante, durante todo el día. Mañana seguimos con la lección 342, una lluvia de perdón sobre todo.
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