Lección 342: Una lluvia de perdón sobre todo
Hay un recuerdo que vuelve cada tanto, o un sueño de anoche que te dejó alterado. Tal vez ya lo perdonaste mil veces y vuelve de todas formas. La lección de hoy te dice: nunca te canses. Llega después de la lección 341, donde vimos que atacar es atacar nuestra propia impecabilidad, y sigue el mismo hilo.
¿Qué significa «Dejo que el perdón descanse sobre todas las cosas»?
Seguimos practicando el perdón y cada vez damos un paso más; por eso es un entrenamiento. Nunca te canses de perdonar, de liberar, de reconocer el milagro, porque así no es que mejore tu vida: así deshaces toda la ilusión del ego, toda nuestra historia. En algún momento vamos a despertar, a ver que fue un sueño, y nos vamos a ver en un plano de conciencia total, con una mirada crística, más allá del cuerpo.
Eso es lo que aparece en cada una de estas oraciones: llega desde ese plano, desde el otro lado del velo, donde es evidente que la ilusión no existe y que no hay razón para sufrir porque Dios es amor incondicional. Quienes nos traen esto nos lo traen porque nosotros todavía elegimos la confusión.
¿Por qué cuesta tanto perdonar todo?
La oración de hoy dice que tenemos la llave en las manos y que llegamos hasta las puertas donde terminan los sueños. Estamos ahí, sin saber si debemos entrar. Si todavía no te liberaste por completo, no es porque falte la llave; es porque a la mente aún le gusta alguna relación especial. No es algo consciente, y no pasa nada, no te asustes: estamos aquí para liberarlo todo.
Lo que toca es perdonar absolutamente todo; «todo, todo es todo». El Curso lo reduce a dos sistemas de pensamiento: en cada situación eliges el del ego o el del Espíritu Santo. No hay otra cosa. Puedes profundizar en cómo se practica el perdón en tres pasos y en qué es el perdón de verdad.
¿Cómo practicar la lección 342 hoy?
Estos son los pasos:
- Repite la frase de la lección al empezar y a lo largo del día.
- Reconoce que no puedes entrar solo. Pide ayuda: «no me dejes indeciso hoy» es el pedido de la oración.
- Imagina que una varita se extiende de tu mente y adorna cada situación con perdón.
- Aplícalo también en la mente: cuando piensas en alguien, cuando traes un recuerdo, cuando recuerdas un sueño que te alteró.
- Deja que esa lluvia de perdón lo bañe, lo barnice y lo libere todo.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Cambia el camino: se allana, el tiempo se libera y reconoces la eternidad que eres. La oración final es preciosa: «Hermano, perdóname ahora. Vengo a llevarte a casa conmigo». Y mientras avanzamos, el mundo se une a nosotros en nuestro camino a Dios. Si perdonar a una persona concreta te cuesta, empieza por perdonar a quien te lastimó sin justificarlo. Y si el dolor es muy fuerte, busca también acompañamiento profesional.
Mañana seguimos con la lección 343, donde descubrimos que la salvación no cuesta nada.
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