Lección 353: Pon tu cuerpo al servicio de Cristo
Te levantas por la mañana y lo primero que haces es ponerte a ocupar las manos, la boca, los pasos. ¿Para qué es todo eso? Hoy el Curso te propone una respuesta única. Esta lección llega después de la lección 352, donde soltamos los juicios.
¿Qué significa «Mis ojos, mi boca, mis manos y mis pies tienen hoy un solo propósito»?
Estamos haciendo este camino final en el que empezamos a reconocer que todo nuestro ser está al servicio de este despertar, de esta conciencia crística. Puedes empezar a observar que tu cuerpo entero está al servicio del despertar: tus manos están para tomar la mano de tu hermano, tus pies para recorrer el camino del amor, tu mente para tener pensamientos divinos, tu boca para la palabra santa, y tus ojos para ver con amor a cada uno de tus hermanos.
Es momento de liberar lo que queda, para caminar de la mano de Cristo y reconocer a Jesús de manera constante en tu interior, como parte integral de lo que eres y como un hermano que acompaña esta experiencia terrenal y te guía en cada paso. Para conocer mejor esa figura, lee quién es Jesús en el Curso.
¿Cómo se vive esto en lo cotidiano?
La oración de la lección es entregarle a Cristo todo lo que es mío para que Él lo utilice de la manera más beneficiosa para el propósito de compartirlo con Él. Te cuento cómo lo vivo yo: me levanto por la mañana y ahí está la conciencia de usar mis manos para escribir un texto que pueda ayudar a alguien, mi boca para hablarte, mi cuerpo para moverme en cada actividad. Todo se va dando de una manera armoniosa, hermosa y poderosa. La expiación hay que pedirla de manera constante, y te invito a que lo hagas así.
Y la lección sigue: nada es exclusivamente mío, pues Él y yo nos hemos unido en un propósito común. Para no creer que debes ser perfecto antes de servir, lee por qué no hace falta ser perfecto para ser maestro de Dios.
¿Cómo practicar la lección 353 hoy?
- Al despertar, entrégale a Cristo tus ojos, tu boca, tus manos y tus pies. Dile que los use como mejor convenga.
- Durante el día, cada vez que uses una de esas partes, recuerda su propósito: mirar con amor, hablar con palabras santas, tender la mano, caminar hacia el bien de otros.
- Pide la expiación de forma constante, no solo una vez.
- Recuerda que nada es solo tuyo: tu propósito y el de Cristo ya son uno.
- Al terminar el día, agradece y observa cómo todo se fue dando.
¿Qué cambia cuando la practicas, y qué hay al final del camino?
Estamos prontos al final del aprendizaje, y el Curso enseña que allí donde termina el aprendizaje comienza Dios: ese paso final en que nos fundimos en la mente total. Desde el punto de vista del ego eso da miedo, porque parece que voy a perder lo que creo ser. No es así: voy a perder lo que creí ser, lo que me ilusioné con ser, y voy a descubrir lo que realmente soy. Por un tiempo colaboro con Cristo en su propósito; luego mi identidad se funde y reconozco que Cristo no es sino mi ser.
Esto puede sonar raro al principio, pero a estas alturas, después de 353 días de práctica, cada vez es más claro. Si todavía hay dudas, se presentarán de forma natural las palabras y herramientas que necesites, y la voz del Espíritu te acompañará. Si hoy no sientes nada especial, no lo tomes como un fallo; solo ofrece tu día. Y si algo te pesa mucho, busca acompañamiento profesional. Te abrazo, hermano, hermana, por este camino. Mañana: la lección 354, Cristo y yo unidos en paz.
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