Lección 352: Juzgar es lo opuesto a amar
Te descubres criticando tu forma de hablar, tu manera de meditar, tu falta de avances. ¿Eso también es juicio? Sí, y esta lección lo pone en el centro. Viene después de la lección 351, sobre elegir ver a tu hermano impecable.
¿Qué significa «Los juicios son lo opuesto al amor»?
¿Qué estamos haciendo en estas lecciones finales? Lo que veíamos en la pregunta «¿qué soy?» es que no se puede responder con palabras. Pero sí podemos reconocer nuestra función, y en todo este recorrido estuvimos reconociendo esa función, su poder, su amor y su capacidad de despertar nuestra mente en la mente de Dios. La clave es esta: cada vez que juzgamos, ponemos un bloqueo delante de la mente, un bloqueo al amor.
Por pequeño que parezca el juicio. Puedes pensar «antes juzgaba cosas duras y ahora son solo pequeñeces», pero cuando has hecho todo este trabajo, cada pequeño juicio se vuelve cada vez más insoportable. Como dice el texto del Curso, juzgar llega a ser intolerable, y lo único que hay que hacer es liberarlo. Para ver cómo se suelta esa costumbre, lee cómo dejar de juzgar a los demás.
¿Por qué cuesta tanto soltar los juicios?
Porque a veces ya no juzgas tanto a otros, pero el juicio se vuelve contra ti: «¿por qué no escucho la voz?, ¿por qué no me doy cuenta de esto?». Eso sigue siendo un juicio. Cuando dejas de proyectarlo sobre otros, a veces lo aplicas de manera implacable sobre ti, y es lo mismo, porque en última instancia después sale proyectado. Por eso hoy reconocemos que los juicios son lo opuesto al amor, y que el amor no tiene opuestos.
¿Cómo practicar la lección 352 hoy?
Si observas con detenimiento, verás que el juicio aparece siempre en el presente. No es un juicio del pasado: aparece en ese momento. Y en ese instante en que aparece puedes liberarlo por completo.
- Al empezar el día, repite la lección y recuerda que el perdón ve solo impecabilidad y no juzga.
- Cuando aparezca un juicio, nómbralo: «esto es un bloqueo al amor». No lo justifiques ni lo pospongas.
- Suéltalo en ese mismo instante, sin guardarlo para sanarlo mañana. Eso es vivir el instante santo.
- Si el juicio es contra ti, trátalo igual: reconócelo y suéltalo.
- Eleva tu oración al Padre. Estas lecciones son devocionales: pídele oír su voz y encontrar su paz.
¿Qué cambia cuando la practicas?
Se descarga esa mochila de «esto lo vengo juzgando desde hace tiempo». Cuando entiendes que es en este momento y en este instante donde puedes liberarlo, la mente reconoce que no está en el tiempo, que está experimentando el presente. Y si en ese presente aparece alguna ilusión del pasado, en ese presente se puede diluir por completo. Ya no es algo que tengas que seguir sanando mañana o pasado. Para profundizar, lee por qué sanar ocurre ahora.
Si hoy sigues atrapado en algún juicio, no lo conviertas en otro juicio sobre ti. Vuelve a la oración y a este instante. Si el peso es muy grande, busca acompañamiento profesional. Así descubrimos juntos que de los juicios procede el dolor del mundo, y del amor, la paz de Dios. Mañana: la lección 353, tus ojos, boca, manos y pies al servicio de Cristo.
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