Lección 355: No esperes ni un instante más
«Cuando arregle lo de mis padres.» «Cuando termine de sanar mi infancia.» «Cuando esté más listo.» ¿Cuántas veces te lo has dicho? La lección de hoy toma esa costumbre y la pone frente a ti con una pregunta. Llega después de la lección 354, donde reconocíamos al Cristo que vive en nosotros.
¿Qué significa «¿Por qué no aceptarla hoy?»
Esta es la pregunta que tenemos que hacernos, y no solo leerla en el libro: hacérmela de verdad. Si hay algo que me está costando, si hay algo por lo que todavía sufro, ¿por qué no aceptar hoy la paz, la dicha y los milagros? ¿Cuál es la razón? Son preguntas de indagación, preguntas que llevan a ver algo. Si no la estoy aceptando, voy a descubrir algún silogismo o estructura egoísta que todavía pervive en mi mente y me parece real. ¿Es real? No. ¿Puede seguir pareciéndome real? Sí. Si quieres practicar este tipo de preguntas, mira la práctica de indagación paso a paso.
La lección sigue con algo muy cercano: mi tesoro, el tesoro del Padre, me aguarda, e incluso ahora mismo mis dedos ya lo están tocando. Quizá dices que todavía no sientes el Cristo con tanta claridad. Siente, entonces, que ya lo estás tocando. Está muy cerca, y no es necesario esperar ni un instante más para estar en paz para siempre. Esa frase, grábatela a fuego.
¿Por qué postergamos la paz?
Porque si algo caracteriza al ego es armar un esquema de dilaciones: las relaciones las sano mañana, a mis padres los sano mañana, la infancia la sano mañana. Todavía no estoy sanado, todavía me falta, todavía me falta. Eso es un truco, y te lo aclaro: buena parte de la espiritualidad actual se apoya en esas dilaciones, en que no estás libre ahora. No es así. El Cristo está en ti ya ahora, tal como estuvo siempre en cada uno de nosotros. Si quieres ver qué dice el Curso sobre esa idea de proceso, lee si la sanación es un proceso o ocurre en el presente.
Esa urgencia atraviesa todo el libro: nada de lo que el Curso enseña es algo que no puedas reconocer ahora. Si llegamos hasta acá, creo que la decisión ya está tomada. Lo único que queda es traerla al ámbito de la conciencia. Todo lo demás es la mecánica infantil de una mente que aprendió que la salvación está en el futuro y que ella no es suficiente.
¿Cómo practicar la lección 355 hoy?
- Repite la frase de la lección y hazte la pregunta final: ¿por qué no aceptar hoy la Palabra de Dios?
- Escucha la respuesta sin juzgarla. Te adelanto la mía, porque a mí también esta pregunta me toca de lo más profundo: todavía hay algún miedo a perder algo.
- Recuerda lo que muestra el Curso: cuando realmente la aceptamos no perdemos nada, sino que lo recibimos todo.
- Observa tu mente en cada instante, sin ser condescendiente con sus divagaciones. Si notas una mínima brizna de ego, tu observación y tu práctica del perdón tienen que ser totales.
- Vuelve a la pregunta cada vez que la necesites, hasta que se convierta en tu costumbre.
¿Qué cambia cuando aceptas hoy?
Lo que te toca de manera responsable es estar en paz, vivir la dicha de Dios y ser un obrador de milagros. Y como la lección dice, eso es ilimitado: los milagros serán cada vez más expansivos, más amorosos, más profundos, y los verás en cada persona que te rodea, y ahí reconocerás la unidad. Por eso esta es una lección de urgencia, pero una urgencia que hemos elegido nosotros, para liberar el tiempo y reconocer el eterno presente. Si hoy no sientes nada especial, no pasa nada: quédate con la pregunta. Mañana seguimos con la lección 356, donde curar es invocar a Dios.
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