Lección 354: Yo soy el Cristo que vive en mí
¿Cuántas veces te enseñaron que Cristo era alguien que vivió hace dos mil años, lejos de ti, y que tu lugar era admirarlo desde abajo? Hoy la lección te propone mirar en otra dirección. Llega después de la lección 353, donde ofrecíamos ojos, boca, manos y pies al servicio de Cristo, y ahora da un paso más: reconocer que ese Cristo no está afuera.
¿Qué significa «Cristo y yo nos encontramos unidos en paz»?
Esta lección ya nos va apuntando a que podamos reconocer que nosotros somos Cristo. El libro de texto lo dice así: el Hijo de Dios es el Cristo. Durante mucho tiempo nos educamos para entender que había otra persona que en algún momento encarnó unos pocos años y que ese era Cristo. Es como en el budismo, donde nos enseñaron que hubo alguien que murió hace miles de años y ese era Buda. Pero así como Buda significa «el despierto», el que ha despertado, Cristo significa «el ungido de Dios», y eso es lo que somos.
Por eso hoy lo que nos toca es reconocer que lo único que hay en mí es Cristo. No hay más. El resto que aún aparezca es parte de un mundo temporal: las estrellas duran miles de millones de años, los planetas también, pero en algún punto todo eso es pasajero. Cristo, en cambio, es lo que somos ahora, más allá de lo material, más allá de la experiencia emocional o relacional. Si te interesa la figura de Jesús dentro del Curso, tienes quién es Jesús en Un Curso de Milagros.
¿Por qué cuesta reconocerlo en uno mismo?
Porque hemos acostumbrado a la mente a proyectarlo en otro. Y te lo aclaro: puedes decir que tienes otro propósito. Bien, pero mientras todavía lo tengamos, vamos a estar girando en la duda, en la incertidumbre, en la desconfianza y en toda la parábola emocional que eso genera. Piénsalo con calma: es solamente un pensamiento el que dice que tenemos un propósito que no es el propósito crístico.
La lección lo ordena paso a paso. Si Cristo es como el Padre, y yo soy uno con Cristo, entonces soy uno con el Padre. El Curso te va llevando de a poco hasta que entiendes hacia dónde apunta, y es muy profundo. Aquí ayuda recordar la tarea del Espíritu Santo, que es deshacer el ego: si reconoces que en tu mente, en este instante, no hay ego, ¿qué queda? Eso que queda, el Curso lo llama Cristo. Puedes profundizar en qué es el ego según el Curso.
¿Cómo practicar la lección 354 hoy?
Estos son los pasos que te propongo:
- Repite la frase de la lección cada vez que la recuerdes durante el día.
- Reconoce el Cristo en ti y permite que se exprese: que hable a través de tu boca, que se mueva a través de tu cuerpo, que piense a través de tu mente, que abrace con tus brazos y tus manos y que camine con tus pies.
- Si todavía no lo entiendes, hazlo con humildad: reconoce que algo te falta por ver.
- Hazlo también con compasión, porque estás descubriendo la verdad más elevada: el ser creado por Dios tal como fue creado.
- Pide siempre la guía del Espíritu Santo, que va deshaciendo lo que sobra. Lo tienes explicado en qué es el Espíritu Santo según el Curso.
¿Qué cambia cuando lo reconoces en ti?
Cambia el lugar desde donde escuchas. Quiero que puedas terminar de salvar la idea religiosa de que esto le corresponde a alguien que vino en algún momento y de que la voz de Cristo no habla a través de ti. La voz que guía es el Cristo en mí, y es la voz que quiero que empieces a reconocer en tu interior: que la abraces y la veas con admiración, porque es la voz del amor. Quizá la estuviste recibiendo a través de otras personas que te acompañaron en tu camino a despertar; ahora toca que la reconozcas en ti, que la escuches a través de tu propia boca y que puedas acompañar a otros hermanos a encontrar el Cristo a través de tu voz.
A esta altura ya no se trata de proyectarlo ni de buscarlo afuera, sino de encontrarlo en el interior. Si hoy todavía no lo sientes con claridad, no te juzgues: sigue practicando con humildad. Mañana seguimos con la lección 355, la paz, la dicha y los milagros ilimitados.
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