Nisargadatta: sin el «yo» no hay quien sufra
Abres un libro de Nisargadatta Maharaj, lees una página con toda la atención, y al llegar al final no sabes qué leíste. Relees. Sigues sin saber. Piensas que el problema es tuyo y que otros sí lo entienden. A mí me pasó con el primer libro suyo que tuve en las manos: no entendí nada, y aun así no lo solté.
¿Quién fue Nisargadatta Maharaj?
Fue un maestro de la India nacido en 1897, contemporáneo de Ramana Maharshi. Se dedicó al comercio: tenía una tienda y, arriba de ella, recibía a personas que llegaban de distintos países para escucharlo. Había tenido un despertar y un maestro propio. No escribió libros. Lo que existe son sus charlas, grabadas y pasadas a papel, casi todas en forma de pregunta y respuesta. Por eso Yo soy eso, su título más conocido, se lee como una conversación con alguien que no te da lo que le pides.
Yo lo estudio con mis alumnos en la maestría del maestro, dentro del método integral de autoconocimiento. Lo primero que les digo es lo que descubrí leyéndolo: la parte de tu mente que trata de entender es la que te condiciona, no la que sabe. Si mientras lo lees crees que entendiste algo, suéltalo. Probablemente sea un entendimiento teórico, y lo que él señala no es teoría sino cómo funciona lo que hay ahora.
El encuentro completo sobre Nisargadatta Maharaj está en la Colección de sabiduría de Guía TV.
¿Qué enseña Nisargadatta sobre el «yo»?
Todo gira ahí. Cuando te identificas con el cuerpo aparece el «yo», y con el «yo» aparece lo «mío». Míralo en un niño: al principio quiere un juguete y ya. Un día aprende que es «mi juguete», «mi cama», «mi cuarto», y desde entonces, si se lo quitas, sufre, porque lo asocia con ese yo que se está armando. Nisargadatta lo dice sin rodeos: el yo se apropia de cada experiencia como si fuera su conocimiento, y de esa apropiación nace el sufrimiento.
Va más lejos. Para él la conciencia «yo soy» es la semilla del mundo que ves: hace aparecer el mundo de vigilia y también el del sueño cuando duermes. La tradición hindú habla de tres estados, vigilia, sueño y el sueño sin sueños, y de un cuarto que los trasciende, el de la liberación. Él no te pide que creas nada de eso. Te pide que mires cómo sería esta experiencia sin un «yo» que la interprete, la juzgue y la ubique en el tiempo.
Hay una pregunta suya que sirve para empezar. Cuando piensas «yo soy esto», ¿ese «yo» no es también un concepto? Cuando piensas en tu madre, lo que ves es la imagen que tienes de ella, no a ella. Con el «yo» ocurre igual: piensas en ti y aparece una imagen. Y tiene una frase corta que me gusta mucho: «Demuele el edificio y el espacio se expandirá». Si tiras abajo los conceptos que gobiernan tu mente, queda espacio. Puedes llamarlo paz interior, aunque en cuanto lo defines ya lo estás conceptualizando. Si quieres seguir por aquí, mira quién es el yo que piensa.
¿Cómo responde un sabio, y por qué no da consejos?
Un visitante le dijo que parecía tener un buen almacén de conocimiento. Él contestó que no: que vive en un estado sin pensamiento y que de ahí viene cada respuesta, y que la escucha ocurre en él. Dicho de otro modo, no busca en la memoria; se hace a un lado. Un Curso de Milagros lo dice con otras palabras: no interfieras con el mensaje. A mí me pasa que, después de un encuentro, no sé qué dije, y no me pongo a escuchar la grabación. La sabiduría no se guarda como un archivo.
Otro le preguntó si nunca aconsejaba sobre las actividades de la vida diaria. Respondió: «Yo le llevo a la fuente». Una vez que la conoces, tus actividades se ordenan solas. Ninguna actividad lleva a darse cuenta de uno mismo. Para él, el ignorante funciona según el flujo de los pensamientos, y el sabio no tiene un alguien imaginario que sufra, porque el sufrimiento depende de la interpretación que ese alguien hace. Tampoco se siente por encima de nadie: en un maestro la idea de ser distinto de los demás está ausente. Si te interesa esa mirada, quién soy yo la desarrolla desde otro lado.
¿Cómo se estudia a un maestro que no se entiende?
Desde mi experiencia, sin intentar recordar. Acumular información sirve poco; lo que cuenta es captar la luz que el maestro te está dando, y de ese proceso nace algo distinto, que es sabiduría. Después no recuerdas si lo viste aquí o allá, pero cuando lo necesitas te llega. Lo mismo vale para el Curso: lee, y en lugar de quedarte pensando en lo que dice, quédate un rato en la nada. Ahí ocurre algo extraño, porque en ese vacío se comprende sin palabras.
Y no hace falta que seas perfecto para empezar. Yo mismo empecé a enseñar sin estar en el estado que describo, y la enseñanza fue aclarándome. Con una práctica sencilla como la de la indagación puedes empezar hoy.
Si llegaste hasta aquí sin entender mucho, vas bien. En el curso gratuito Vivir en paz interior encuentras ejercicios cortos para observar tu mente y soltar lo que te hace sufrir, sin memorizar nada.

