Ramakrishna: el maestro que recorrió todos los caminos
Escuchas el nombre una vez, en un libro o en una conversación, y lo anotas: Ramakrishna. Buscas quién fue y encuentras fechas, templos y palabras que no sabes por dónde tomar. A mí me pasó lo mismo con maestros que casi nadie conoce, y este es uno de los que más me emocionó leer.
¿Quién fue Ramakrishna?
Vivió en la India en el siglo XIX, de 1836 a 1886, unos cincuenta años. Muy joven vivió una devoción tan intensa por la Madre divina, a la que adoraba en un templo de Kali, que la gente lo llamaba «el loco de Dios». Quería verla. Un día, en un desespero enorme por esa visión, se le abrió un océano de luz y quedó entregado a ella. Después empezó a ver dioses en cada persona que se cruzaba por la calle.
Su vida la conozco por dos libros: El evangelio de Ramakrishna y La vida de Ramakrishna, del escritor francés Romain Rolland, que es muy ameno y no es largo. Rolland cuenta que a él fueron llegando maestros: una monja bramín que lo curó, un maestro del advaita llamado Totapuri, un musulmán que lo inició en el Islam y un hindú que estudiaba la Biblia y lo acercó a Cristo. En cada camino llegó al mismo lugar, y varios de esos maestros terminaron siendo sus discípulos. Por eso lo llamo el maestro perfecto: recorrió todos los caminos en una sola vida.
¿Qué enseñó Ramakrishna?
Su mensaje central es que todas las religiones llevan al mismo Dios. Lo explicaba con un depósito de agua que tiene varias escaleras: unos sacan el agua con jarras y la llaman jal, otros con odres y la llaman pani, otros la llaman water. El agua es una sola y cambia el nombre. Que cada uno siga su camino, con un deseo sincero de conocer a Dios.
Enseñó también que hay etapas en el camino de vuelta a casa. Primero uno busca placer y éxito en el mundo. Luego busca a un maestro. Después alaba a Dios con una forma, como Madre, como Padre o como Cristo. Al final llega a Dios sin forma, y ahí ya no hace falta imagen alguna. Él mismo tuvo que soltar la forma de la Madre para llegar allí: Totapuri le hundió la punta de un vidrio entre las cejas y le dijo que concentrara ahí su mente, y Ramakrishna partió esa imagen con su discernimiento. Lo que a su maestro le había costado cuarenta años, según el libro, él lo logró en un día, y se quedó tres días inmóvil.
Para explicar lo que pasa al disolverse, usaba esta imagen: una muñeca de sal baja al mar para medir su profundidad, y apenas entra en el agua se vuelve una con el océano y ya no puede volver a contarlo. Y para vivir en el mundo, dejó esta frase:
El bote puede estar en el agua, pero el agua no debe entrar en el bote.
— Ramakrishna
Puedes tener familia, trabajo y obligaciones, y que el mundo no entre en tu mente. A sus discípulos no les pedía que lo abandonaran todo. Y a la Madre le pedía algo que me conmueve: que no dejara hablar a sus creencias por su voz. Una creencia siempre tiene pasado y futuro, y Dios no.
El encuentro completo sobre Ramakrishna está en la Colección de sabiduría de Guía TV.
¿Qué tiene que ver Ramakrishna con Un Curso de Milagros?
Para mí, toda su vida puede leerse con la lupa de Un Curso de Milagros, y es de los mejores ejemplos de lo que el Curso enseña. Cuando le preguntaron si había visto a Dios, respondió que lo veía como te ve a ti, pero con más nitidez. Ver a Dios en cada hermano es lo que el Curso llama ver la faz de Cristo. Cuando Rolland dice que sería absurdo repetir «el mundo no existe» mientras formamos parte de él, estamos ante lo que el Curso llama el sueño feliz: un mundo que parece existir y se ve con una mente purificada.
También sirve para entender que cada maestro tiene su forma. Una madre compra un solo pescado y lo cocina distinto para cada hijo, según lo que cada estómago puede digerir. Ese es el maestro perfecto: enseña lo que puede tocar tu corazón, sea como Madre, como Padre o con una mirada. Y como Ramakrishna practicó el cristianismo y vio a Cristo, puede que te sirva leer Jesús no viene a salvarte, viene a mostrarte tu guía.
¿Cómo aplicar hoy sus enseñanzas?
Él muestra tres caminos que se tocan: la acción dirigida a lo divino, la devoción y el conocimiento. Hoy puedes empezar por lo primero: que lo que hagas en el día esté orientado a despertar. Y recuerda su pedido: no creer, sino conocer. Si quieres ver qué es la meta de este recorrido, La iluminación no es para santos: es tu estado natural lo explica. Y si te preguntas qué lugar ocupa tu propia religión en todo esto, Sigue al maestro, no a la estructura te da una respuesta.
Una nota honesta: sus estados de éxtasis y sus ayunos no son un modelo para copiar. Si atraviesas un sufrimiento muy fuerte, busca ayuda profesional además del camino interior.
Si quieres llevarte una forma concreta de vivir sin que el mundo entre en tu mente, el curso gratuito La nueva consciencia humana te muestra, paso a paso, cómo mirar la vida desde otro lugar.

