Papaji: ya eres libre, solo falta verlo
Te sientas a meditar cada mañana esperando que algún día llegue la libertad. Cada mañana se queda para la próxima. Piensas que primero tienes que ser mejor persona, sanar un poco más, entender más. Papaji decía algo que desarma esa espera: no hay tiempo que gastar, porque ya eres libre.
¿Quién fue Papaji?
Fue un maestro de la India en el siglo XX y discípulo de Ramana Maharshi. Antes de encontrarlo recorrió el país preguntando a los maestros si podían mostrarle a Dios. Uno le dijo que se sentara quince años a meditar y tal vez lo vería. Él se fue. Hasta que Ramana le respondió que Dios no es un objeto que se ve afuera, sino el sujeto. Con los años se asentó en un lugar y daba satsang: sat es la verdad y sanga es la comunidad; una comunidad reunida alrededor de un maestro para llegar a la verdad. Sus discípulos grabaron sus charlas, así que sus libros, como Esto es, son su mensaje directo, sin traducción ni transliteración. Hay también una biografía, Nunca nada ocurrió.
Para mí, si no es el maestro más importante de mi vida, es el segundo. Lo vi por primera vez en un documental, me quedé dormido y soñé con él: me puso la mano en el hombro, sentí la expansión más grande que se puede sentir dentro de un sueño y me dijo, en inglés, just observe. Simplemente observa. Eso se lo repito a quienes guío.
El encuentro completo sobre Papaji está en la Colección de sabiduría de Guía TV.
¿Qué quiere decir Papaji con «ya eres libre»?
Lo decía de forma directa: «Si piensas, yo soy libre, entonces eres libre». Un pensamiento alcanza. Puede volver el ego a decirte otra cosa; entonces lo afirmas de nuevo. Lo que parece mantenerte atado es la ilusión de que no lo eres, y como la libertad ya es, buscarla en el tiempo no tiene sentido. Es una libertad de ser, no de éxito afuera ni de dinero.
Por eso las personas que llegaban a él se liberaban en poco tiempo: no les daba prácticas, les mostraba que ya eran libres. Una vez se bajó de un tren en un lugar al que no pensaba ir, porque sentía que debía. Se acercó a un hombre cuyo maestro había muerto y le había dicho que, al irse, encontraría otro. Fueron juntos a la orilla del Ganges, Papaji lo miró, y el hombre se liberó. No volvieron a verse.
Ahora, yo no te digo que dejes de practicar. Un maestro te dice «ve a la derecha» y vas. Haz la lección del día como si fuera lo último que harás en tu vida, y si un día ves que ya eres libre, esa lección se vuelve distinta. Es lo que dice no tengo que hacer nada en Un Curso de Milagros.
¿Por qué dice que todo lo que posees te posee?
Papaji señalaba que todos te poseen: tus padres dicen «eres mi hijo», en la escuela eres «mi estudiante», luego eres «mi marido» o «mi mujer». Te invitaba a rechazar todo y ver qué pasa. No rechazas a la persona; sueltas las creencias que tienes sobre ella y sobre ti. Todo lo que quieres lograr se vuelve tu cárcel: el bienestar de tus hijos como tú lo imaginas, la eficiencia de quienes trabajan contigo, lo que crees que es bueno.
También lo dice del maestro y de Dios. Si sigues a un maestro atándote a él, ya no es un maestro. Y llegó a decir que las escrituras son la última red y Dios el último obstáculo. Lo entiendo así: Dios no es una palabra inventada por seres con dos piernas; tienes que soltar la idea que aprendiste, no a Dios. Buda lo decía con el dedo que señala la luna: no te quedes mirando el dedo. En córtale la cabeza al Buda está esa misma enseñanza.
¿Qué es la pantalla y qué es la ola?
Dos imágenes suyas lo resumen. La primera: cuando miras una película no ves la pantalla; cuando miras la pantalla no ves ninguna película. La pantalla es tu mente, y lo que ves en ella es el pensamiento. Papaji decía que si no buscas un pensamiento, los pensamientos te buscan a ti; si lo miras, desaparece, y queda la quietud.
La segunda: «Cuando una ola emerge, tú estás debajo de la ola». Tú eres el océano. La ola aparece, toma forma y nombre, y vuelve al océano. Los pensamientos, las emociones y hasta el cuerpo son olas. Lo que eres no aparece ni desaparece. Y si vas a la fuente de donde sale el pensamiento «yo», dice, encuentras que no hay nada que emerja: ahí empieza la iluminación.
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