Cuentos zen: el maestro no responde tu pregunta
Lees un cuento zen y terminas igual que empezaste. Un monje lava un cuenco, un maestro pide que le muestres tu enojo, otro manda arrojar una pregunta. Piensas: «Está bien, ¿y qué?». Si te pasó eso, no te perdiste nada. Los cuentos zen no se hicieron para entenderse con la lógica.
¿Qué es el zen y qué es un cuento zen?
El zen es una rama del budismo. Nació en China con Bodhidharma y después floreció en Japón. A lo largo de los años se fueron recopilando respuestas y anécdotas muy cortas de maestros. Algunas forman los koan, que son historias que, si entiendes lo que hay detrás, detienen la mente y producen un satori: una luz que se enciende al instante y que no es razonar.
A nosotros nos cuesta leerlos porque vienen de otra cultura, donde la no dualidad, la mente o el maestro son conceptos cotidianos. Y los maestros zen casi no hablan en vano; cada palabra apunta a liberar al otro. Uno de mis primeros instantes santos lo tuve leyendo: la mente quedó en silencio, sin un solo pensamiento.
¿Qué significa el cuento del cuenco de arroz?
Es de La puerta sin puerta, un libro del siglo XIII. Un monje recién llegado le pide a Joshu que lo enseñe. Joshu le pregunta: «¿Has comido tu arroz?». «Sí». «Entonces lava tu cuenco». Y el monje se ilumina.
Lo leo así: comer es haber tomado algo del mundo, masticarlo en la mente. El cuenco es la mente. Lavarlo es dejarla vacía. En el Curso eso se llama perdonar. Si mientras me lees dejas de pensar un momento, ese momento es un cuenco limpio.
¿Qué enseña el cuento del samurái?
Un samurái le pregunta a un maestro si existen el paraíso y el infierno. El maestro responde tocándole el orgullo: le dice que tiene cara de tonto y que su espada ni siquiera corta. El samurái se enfurece y desenvaina. «Aquí se abren las puertas del infierno», dice el maestro. El guerrero ve su propia furia, guarda la espada y se inclina. «Aquí se abren las puertas del paraíso».
El maestro no calculó nada. Mostró el infierno en el que vivía el samurái cuando tocaron su orgullo, y sólo viéndolo se puede reconocer lo otro. Cuando a ti te tocan el orgullo —te dicen que no sirves, que no hiciste nada con tu vida— entras en el infierno al instante. El maestro no busca ganarte; quiere que lo veas, porque hasta que no lo veas no vas a reconocer el paraíso. Si algo te enoja, ahí está tu infierno. Mira cómo soltar el enojo.
¿Qué dicen el mal genio y el «arrójalo»?
Un alumno le dice a su maestro que tiene un mal genio ingobernable. «Muéstramelo». «Ahora no puedo, aparece de improviso». «Entonces no es tu verdadera naturaleza; si lo fuera, me lo mostrarías en cualquier momento». Lo que aparece y desaparece no es lo que eres. Sirve para el enojo y sirve para la culpa, la tristeza o el miedo: si llega y se va, es una piedra que cargas, no tu naturaleza. Soltarla es reconocer eso.
Otro alumno pregunta qué hacer si no tiene nada en la mente. «Arrójalo», responde Joshu. «Pero si no tengo nada, ¿cómo lo arrojo?». «Entonces, llévalo a cabo». Quien pregunta ya tiene algo en la mente: la pregunta. Joshu no la contesta, la deshace. Es el corazón de la indagación.
¿Cómo se lee un cuento zen sin perderse?
Ayuda ver la taza de té. Un profesor universitario visita a un maestro para hablarle del zen, cargado de todo lo que estudió. El maestro no discute: prepara el té y empieza a servirlo. La taza se llena y él sigue vertiendo hasta que se derrama. Una mente llena de opiniones no puede recibir nada más, y el maestro prefiere mostrarlo antes que explicarlo.
Por eso te propongo leer cada cuento así: no preguntes qué significa, pregunta dónde estás tú en la escena. A veces eres el monje que ya comió, a veces el samurái, a veces el que carga la pregunta. Cuando un maestro quiere dejar un libro de su linaje a su alumno y este lo echa al fuego, no hay falta de respeto: no depende del libro. Algo de eso hablo en este otro artículo.
El encuentro completo con estos cuentos está en la Colección de sabiduría de Guía TV.
El curso gratuito Vivir en paz interior te da herramientas para detener la mente, soltar lo que cargas y descansar de tus preguntas.

