¿En qué crees? El primer paso para conocerte
Nadie nos enseñó a conocernos
En EXPOSER, frente a mil personas, hice una pregunta: «¿Alguien tuvo en la escuela la materia indagación? Levante la mano».
Casi nadie la levantó. No aprendimos a conocernos. Nadie nos dijo «conócete a ti mismo». Empezamos nuestra vida humana y nos enseñaron creencias, ideas, dogmas. Con amor, sí. Pero las creímos.
Por eso la gran pregunta es ésta: ¿en qué crees? Quizá la persona que tienes al lado cree otra cosa. ¿Quién determina que tu creencia sea mejor que la del otro? ¿O que las mías sean mejores porque estoy arriba de un escenario?
La máscara social
Estamos tan saturados de creencias que terminamos mostrando una hermosa máscara social. ¿Te pasa que estás en un lugar y no puedes ser del todo tú, que tienes que simular ser alguien diferente? Aprendimos que el cuerpo tiene que verse de una forma, el rostro de otra, que la voz tiene que salir de cierta manera.
Y así nos entrenamos para pensar una cosa, decir otra y sentir algo que no expresamos.
Vivir de acuerdo con una fórmula, con una ideología, con una conclusión previsible, es vivir una vida de adaptación, de imitación, de conformidad y, por lo tanto, una vida de oposiciones, de dualidad, de interminable conflicto y confusión.
— Jiddu Krishnamurti, La libertad interior
Trascender lo que te enseñaron
¿Sabías que tienes que trascender a tus padres? ¿Que tienes que trascender tu educación? Honrarlos, sí. Pero después hay un camino, y cada uno tiene el suyo. Fuimos educados en un sistema donde todos van en fila, juntos y a la vez. Y cada uno tiene su ritmo. ¿Cuál es el tuyo?
Hay tradiciones que no son para negarlas ni rechazarlas, sino para trascenderlas: para ver más allá de lo que aprendimos. Un Curso de Milagros te dice que tienes que cuestionar todas tus creencias. Y cuando dice todas, no dice algunas.
El miedo a no saber
Si tienes una idea y la sueltas, no sabes qué va a ocurrir. Sabes lo que pasa con esa idea, sabes lo que pasa si sigues haciendo las cosas como estás acostumbrado. Sin ella, no. Y eso a veces da pánico.
Ese miedo hay que trascenderlo. Acuérdate del filósofo que dijo quizá la frase más relevante de la historia de la filosofía: «sólo sé que no sé nada». ¿Qué pasa si te regalas un espacio para no saber nada, y ver qué hay ahí?
Por dónde empezar
Al principio puede angustiar: «hice todo mal». No. Hiciste lo que hiciste con lo que aprendiste. Empieza por una creencia pequeña, algo que das por hecho sobre ti, y pregúntate: ¿esto lo descubrí yo, o me lo enseñaron?


