Los 4 niveles de conciencia: ¿en cuál estás tú?
Una escalera, no la verdad
Lo que te voy a compartir no es la verdad. Es solamente una manera de explicar un camino que podemos hacer. Forma parte del método de indagación espiritual, un método centrado en la indagación y en el autoconocimiento, construido en base a todos los maestros. Te invito a anotar estos niveles, porque te pueden servir bastante para entender cómo funciona la conciencia y para reconocer en cuál estás. Son cuatro: la conciencia personal, la conciencia individual, la conciencia colectiva y la conciencia de unidad.
Primer nivel: la conciencia personal
Hay muchas áreas de la humanidad de hoy que se basan en lo personal: el desarrollo personal, la búsqueda de lo personal. No es que esté mal, pero fíjate lo que muestra la etimología. La palabra persona significa máscara. En el teatro griego y en el romano no había micrófonos, y los actores se ponían máscaras que permitían que el sonido saliera direccionado y se ampliara: personare, para sonar.
Este es el nivel de conciencia más bajo que puede tener un ser humano: ponerse una máscara. Y no tienes que buscarlo en ningún lugar: lo vas a ver mañana, en tu familia, en tu trabajo. Tus padres te enseñaron «pórtate bien, esto no lo digas, tienes que ser así». No eran malos, simplemente eran ignorantes. Así aprendimos a tener una máscara en familia, otra en el trabajo, otra con tal persona. Es una mente fragmentada que repite el guion de la obra de teatro que aprendió.
Cualquier máscara es una infelicidad, aunque tú digas que esta máscara es buena. Todo el sufrimiento es autogenerado, y cada vez que aparece es porque te pusiste una máscara. Pero nadie se puede sacar una máscara que no reconoce que tiene puesta. Si la puedo ver, me la puedo sacar.
Segundo nivel: la conciencia individual
Individuo significa la unidad mínima, lo que no se puede dividir. En el estado de separación, el individuo pretende ser una unidad indivisible hacia afuera, pero adentro está todo fraccionado, lleno de máscaras. Salimos al mundo como seres que aparentan estar enteros y por dentro estamos fragmentados. Quizá en tu trabajo, con tu esposa o con tu esposo, aparentas ser un individuo, pero por dentro estás todo resquebrajado.
Y sin embargo la individualidad es maravillosa. Así como no hay dos árboles ni dos palomas iguales, no hay dos humanos iguales. La belleza de la creación está en poder expresar esa individualidad: cada uno tiene una energía única y le toca manifestarla, pero sin toda esa fragmentación ni ese fingimiento detrás. Piensa en la persona más libre que conozcas. Vas a ver que está todo el tiempo expresando su individualidad sin máscaras, siempre tal y como es. No necesita fingir, no necesita quedar bien. Eso se llama honestidad.
La vida de cada persona (todas las formas de vida en realidad) representa un mundo, una forma única en la que el universo se experimenta a sí mismo.
— Eckhart Tolle, Una nueva tierra
Tercer nivel: la conciencia colectiva
Por más individualidad que pretendamos, estamos dentro de un colectivo. Si el ser humano está enfermo, eso me afecta, y si yo sano, también estoy afectando esa conciencia colectiva. Cada vez que tú sanas algo, estás sanando toda la mente. Te parece que hiciste un pequeño acto al hablar con tu hermano y abrir el corazón, y estás sanando a toda la humanidad.
Colectivo viene del latín y se deriva de legere, que significa leer. La conciencia colectiva es aprender a leer desde otro nivel de conciencia, donde ya no estoy ni por encima ni por debajo del otro. Un Curso de Milagros dice que un maestro es aquel que empieza a ver los intereses de su hermano como los propios. Ahí empieza a llegar información: empiezas a saber cómo ayudar al otro, qué siente, qué necesita. Si el otro necesita silencio, no dices nada; si necesita un abrazo, lo abrazas.
Cuarto nivel: la conciencia de unidad
Más allá de la conciencia colectiva está la conciencia de que todos somos una unidad. No hay solamente una conciencia familiar o una conciencia humana: hay una conciencia de que todos somos el todo, y ahí podemos soltar el miedo a lo que sea. Esa conciencia no se compra en la feria; hay que desarrollarla para despertar a lo que dicen los maestros: todos estamos en el uno, somos parte del uno, nos expresamos en el uno. Cuando nos demos cuenta de eso, cada uno va a sentir al otro como parte de sí mismo. Y ahí despierta el propósito.
Cómo empezar a subir
La escalera se sube con indagación. Te dejo las preguntas que acompañan los primeros peldaños:
¿Qué máscaras utilizo en mi vida diaria, con mi familia, en mi trabajo?
¿Qué creo que debo defender o atacar?
¿Cómo me percibo en el colectivo? ¿Qué impacto creo que tengo y qué impacto creo que no tengo?
No se trata de sentirte culpable por las máscaras que te pusiste. Todos lo hemos hecho. La buena noticia es que no importa cuánto hayas actuado: no somos eso.


