Los 3 pasos del camino del autoconocimiento
El autoconocimiento empieza por entender qué pasa en la mente
La angustia y la frustración que experimentamos no son por algo externo que esté ocurriendo, tanto sea físicamente o en nuestro mundo, sino por algo que está ocurriendo en nuestra mente. Ese es el camino del autoconocimiento: entender qué es lo que está ocurriendo en mi mente y poder clarificar cómo las emociones que vivo provienen de la mente y de la forma de ver que tengo.
El camino del autoconocimiento es entender cómo genero mi experiencia, o sea, conocerme a mí mismo, y entender la capacidad que tengo de generar dolor y la capacidad que tengo de experimentar la dicha. Y acá hay una diferencia de calidad muy importante: el dolor es autogenerado, pero la dicha viene de Dios. El dolor lo genera mi mente. El amor no es algo que yo tenga que generar, es algo que tengo que reconocer y despertar.
Por eso el despertar de conciencia no implica una acción, implica deshacer una acción. La acción que voy a deshacer es la que opera mi mente para generar frustración, miedo y locura. Se puede hacer.
La estructura de la mente es igual para todos
Lo primero que tenemos que entender es esto: la estructura de la mente es igual para todos, pero la forma de la experiencia es individual. En tanto nos experimentemos de una manera egoica o atada al cuerpo, todos generamos miedo; es generalizado. Lo que es individual es la forma en que eso se desarrolla.
Entonces, el camino del autoconocimiento se basa en entender la estructura general de cómo funcionan las cosas para después verlo en mi mente. Si quiero liberarme del miedo, tengo que entender cómo genero miedo. Si quiero liberarme de la idea de carencia, tengo que entender cómo genero carencia o de dónde surge. Si quiero liberarme del apego al cuerpo, tengo que entender cómo se genera el apego al cuerpo.
Es como el agua: es la misma, pero en el espacio o en la luna se comporta diferente, porque cambian las condiciones que la rodean. A nivel mental, obviamente nos condiciona el entorno, pero lo que más nos condiciona son las condiciones internas que nosotros generamos, la forma de percibir. Por eso cada experiencia es individual: alguno tiene un problema físico, otro un problema familiar, otro un problema con su propósito. Pero la forma de generar problemas en la mente es algo que compartimos.
En una separación de pareja, en la pérdida de un trabajo, cada uno tiene una razón diferente en el plano de la forma, pero la angustia se genera de la misma forma: algo que yo creo que tiene que darse parece estar viniéndose abajo. Puede ser mi cuerpo, mi relación de pareja, mi trabajo, mi país, mi ideología política, lo que sea. Por eso el desafío es conocer la mente, no tu mente. Tu mente es un ejemplo para ti de cómo funciona la mente colectiva.
Lo primero es salir del problema individualizado y tratar de entender cómo funciona. Por ejemplo:
- ¿Cómo funciona cuando me preocupo por algo que no puedo modificar?
- ¿Cómo funciona cuando estoy constantemente en el futuro tratando de evitar algo que no está ocurriendo ahora?
- ¿Cómo funciona cuando hay alguien a quien quiero y creo que está haciendo algo que para mí es un error?
Ir entendiendo cómo funciona requiere mucho coraje, mucha honestidad y, sobre todo, mucha capacidad de autoobservación.
La gran práctica es la autoobservación
Mientras escuchas a alguien, ¿estás observando tu propia mente, o la mente se está moviendo sin ser observada? Esto es súper importante, porque la gran práctica de expansión mental es la autoobservación.
Si puedo observar cómo funciona mi mente en tiempo real, eso de pronto no me evita una angustia, pero sí me ayuda a entender cómo esa angustia se genera y qué ocurre para liberarla. Puede que me angustie por algo externo, que eso se solucione y que me desangustie. Pero eso no me soluciona el tema de la angustia: lo único que hace es dejarme dependiendo de hechos externos que me den felicidad.
Cuando empecé el camino de autoconocimiento, una de las cosas que me sorprendió en la autoobservación fue darme cuenta del nivel de ansiedad con el que caminaba ocho o diez cuadras, entre que me bajaba del subterráneo y el lugar donde iba a dar clase de violín. Lo tenía totalmente automatizado; no me daba cuenta.
Sin decir «me gusta», o «no me gusta», sino simplemente observar; mientras estamos sentados en un autobús observar el movimiento de nuestro propio pensamiento, sin condenar, sin justificar, sin elegir.
— Jiddu Krishnamurti, Más allá de la violencia
El camino del autoconocimiento implica terminar con ese automático y aprender a observar saliendo de él. ¿Hay alguien que nunca se haya culpado a sí mismo de algo? ¿Alguien que no se haya puesto ansioso ante la posibilidad de una noticia que cambie su vida? La mente funciona igual. Tu mente está funcionando ahora y tú puedes ver cómo funciona. Ese ahora tienes que extenderlo a cada instante para permanecer en un estado de autoobservación. Debajo de esas capas de mente angustiante o miserable está la gloria de Dios, pero no la vemos. La bloqueamos.
Teoría, práctica e integración
Este camino requiere tres cosas fundamentales, que se volvieron tan fundamentales en el instituto que ahora tienen un nombre: la metodología TPI. T de teoría, P de práctica e I de integración.
Teoría. Si quiero conocer cómo funciona, tengo que entenderlo teóricamente, con palabras que yo pueda entender. Obviamente la teoría no soluciona nada: hay un montón de gente que tiene la teoría muy estudiada y sin embargo sigue sufriendo. Pero es la base, y todos los grandes maestros de la humanidad la conocían. Apasiónate por conocer cómo funciona, porque tu mente está funcionando y tú no te das cuenta.
Práctica. Una vez que entiendo la teoría, tengo que llevarla a la práctica, y ahí a veces hay un bache. El gran desafío, para ti y para mí también, es practicar lo que teóricamente voy entendiendo. La práctica fundamental es la capacidad de indagar, de observar el funcionamiento de mi propia mente. Más tarde o más temprano voy a llegar a entender que mi mente funciona igual que la del otro. Lo que cambia es la historia que elijo contarme; pero todos nos contamos historias, y esas historias nos llevan en algún punto a la angustia, al miedo, a no permitirnos ver el amor infinito.
Integración. Una vez que hago la práctica, la tengo que integrar. Y la forma más fácil de integrar la teoría y la práctica es enseñándola.
Enseñar es aprender
Esto te lo dice el curso: lo que tú enseñas es lo que aprendes. Si enseñas a otros a amar, ¿qué estás aprendiendo? Si enseñas a otros que el mundo es peligroso, que tienen que tener cuidado y que la vida es difícil, ¿qué estás aprendiendo? Por eso, en el proceso de autoobservación uno también observa qué está enseñando, porque lo que está enseñando lo está aprendiendo. Eso estaba en automático.
Yo tengo dos libros publicados. Uno se llama Ver a Dios porque yo no lo veía, y se me guió a que aprendiera a ver; lo sigo preguntando a diario, no es algo terminado para mí. El otro se llama Escuchar a Dios porque yo tenía que enseñar cómo escuchar lo que yo no escuchaba, para así poder aprenderlo.
Si quieres aprender a perdonar, enséñale a otros lo que es el perdón, estudiando primero la teoría. ¿Por qué creen que yo enseño tanto? Porque es mi forma de aprender. Antes de dedicarme a esto di clases particulares de violín durante más de diez años, y sabía que cuando enseño aprendo: les enseñaba cosas del violín a los alumnos y las iba aprendiendo en simultáneo con ellos.
Por eso la tarea es esta: elige un tema que estés aprendiendo, que te haya hecho bien y que todavía no tengas tan claro. Anótalo, repásalo y enséñaselo a alguien, a uno. Eso se llama integración.
La sabiduría ya está en ti
La sabiduría ya está en nosotros. Despertarla tiene varias formas de llamarse: en Un Curso de Milagros se le llama escuchar al Espíritu Santo, que es la voz que habla por Dios. Algunos maestros la han llamado la voz del corazón, la voz del alma o el maestro interior. No es la voz de la mente que piensa e intelectualiza, sino la de un nivel más profundo. Y el autoconocimiento se acelera cuando descubres que esa voz habla en tu mente.
A mí me pasó cuando todavía no había empezado con el curso. Viajaba en subterráneo de un ensayo a una clase, cerraba los ojos, observaba mi mente y practicaba lo que estaba leyendo. En uno de esos viajes me di cuenta de que mi misma mente me estaba empezando a explicar cosas que yo no había estudiado: había un maestro dentro de mi mente. No me hablaba de miedo, ni de preocupaciones, ni de proyectos; me explicaba cómo funcionaba lo emocional en mi mente. Para mí fue un descubrimiento, después se volvió algo más natural y hoy es algo totalmente incorporado.
¿Y cuándo sé que me conozco? En el conocimiento real no hay alguien que conoce: el conocimiento simplemente es. La pregunta desaparece, porque el que pregunta es el que no conoce, y lo que llega es la respuesta. Mientras haya preguntas hay que hacerlas, pero va a haber un punto en tu camino en que te vas a dar cuenta de que tienes las respuestas: empiezan a llegar a tu mente, o viene alguien a preguntarte algo y tú le das la respuesta. Esa es la señal del paso hacia el autoconocimiento.

