Lección 105: Lo que das no se pierde, crece
Le haces un favor a alguien y, sin quererlo, te quedas esperando que te lo devuelvan. ¿Te suena? Casi todo lo que aprendimos sobre dar tiene un interés escondido. La lección 105, que llega tras la lección 104 sobre lo que de verdad te pertenece, lo cambia de raíz.
¿Qué significa «Mías son la Paz y la Dicha de Dios»?
En esta lección hay un tesoro infinito; valdría hacer un curso completo solo de ella. Viene a reformularte toda la idea de lo que es dar. Tenemos tanto miedo a dar porque estamos acostumbrados a esta idea del mundo: cuando yo doy, luego voy a tener que devolverlo, y cuando me dan, tengo que devolver con creces. Siempre hay un interés. Y la palabra tiene un doble sentido: el interés que te cobran en un banco y el interés egoísta de dar para obtener algo a cambio.
El Curso invierte ese pensamiento. En el reino de los cielos, donde nuestra mente mora de verdad, aquí y ahora, dar es recibir, y lo que das no se pierde: se incrementa. Cada vez que das una palabra, un abrazo o un silencio desde el corazón, eso crece en ti y crece en la otra persona.
¿Por qué nos cuesta dar sin esperar nada?
Porque muchos regalos parecen del corazón, pero uno espera a ver cómo reacciona el otro, y si le gusta o no. Aquí hablamos de otro tipo de regalo, que no tiene nada que ver con el plano material: es el que da una mente a otra mente, y ahí se produce el milagro. Los verdaderos regalos son álmicos, de corazón.
Por eso uno de los principales objetivos de aprendizaje del Curso es invertir tu concepto de lo que es dar, de modo que puedas recibir. Como lo que das se incrementa al dar, tú lo recibes, y el acto de dar y recibir es el mismo. Si quieres profundizar, lee por qué lo que das, te lo das a ti.
¿Cómo practicar la lección 105 hoy?
- Da desde el corazón una palabra, un abrazo o un silencio, y no esperes a ver cómo reacciona el otro.
- No hace falta que sea otra persona: puede ser este instante. Reconoce el tiempo de Dios, que es el ahora, abrázalo y agradécelo.
- Bendice cada situación, cada brisa, cada lluvia, incluso cada lágrima: todo es bendecido.
- Observa qué ocurre cuando das desde ese lugar: lo que das le queda a la otra persona y a la vez lo conservas tú. Dar verdaderamente equivale a crear.
- Cuando pienses en alguien que consideras un enemigo, ofrécele «paz y dicha» para que la paz y la dicha de Dios sean tuyas.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Si hoy todavía tienes un enemigo, y es muy probable que sí aunque no lo queramos admitir, pensamos que alguien nos quiere hacer mal o está haciendo algo en nuestra contra. Cuando le das paz al otro es cuando la recibes. Al entender que dar y recibir es lo mismo, empiezas a dar para recibir y a recibir para dar: recibimos al Espíritu Santo para poder darlo, recibimos a Dios para ser testigos de Dios y salvadores en este mundo.
Hay una enseñanza hermosa al final de la lección. Si algún hermano parece tentarte a negar el regalo que Dios te ha hecho, considéralo una oportunidad más para aceptar los dones de Dios como tuyos. Benditos esos hermanos que se cruzan en tu camino y ponen a prueba tu capacidad de dar: ahí vas a dar y vas a entender lo que es recibir.
Si hoy te cuesta, nota qué te cuesta y vuelve a intentarlo mañana; la práctica es una sola. Si una relación te lastima de verdad, el acompañamiento profesional también es una forma de cuidarte. Mañana seguimos con la lección 106, «Déjame aquietarme y escuchar la verdad». Juntos vamos a comprender esta lección tan santa y tan hermosa.
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