Lección 155: Hazte a un lado y deja que Él guíe
Un día alguien toca tu puerta y te dice: «me peleé con mi pareja y no sé qué hacer». Sientes que no tienes nada que ofrecerle. Esta lección te dice que justamente ahí tu trabajo es otro. Llega después de la lección 154, donde vimos que somos ministros de Dios.
¿Qué significa «Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino»?
Hoy nos toca hacernos a un lado para reconocer cuál es nuestra función, nuestro verdadero trabajo y nuestro propósito. Primero tienes que entender que por algo estás eligiendo hacer estas lecciones: no es casualidad, ni azar, ni suerte. En un momento tomaste en tu mente una decisión de liberarte.
La lección te propone una imagen. La verdad va delante de ti, tú caminas detrás siguiendo sus pasos, y detrás de ti hay un montón de hermanos que van a golpear tu puerta. No te buscarán a ti como ser individual: notan que estás eligiendo la verdad y ellos también la buscan. Esa es la salvación. Si te sirve, piénsalo como un dominó: cae una pieza y van cayendo todas, cada persona elevando su vibración y reconociendo al maestro divino, esa voz que habló en cada maestro de la historia y que hoy elegimos recibir. Para profundizar en esa voz, lee cómo escuchar tu voz interior cuando el ego habla primero.
¿Por qué dice que «no pareces distinto, aunque lo eres»?
Es una frase que no es fácil de comprender. No se refiere a que estés separado ni a que seas diferente: dice que ya elegiste la salvación, incluso si todavía sufres, no te das cuenta o hay una parte de rechazo y resistencia. Por eso estás haciendo estas lecciones. El Curso, en el libro de texto, dice que esta jornada ya se resolvió: tú la vives como si estuviera en el tiempo, pero en la eternidad ya concluyó.
No todos caminan canalizando la voz de la divinidad y dejándose guiar por el Espíritu Santo. Tú lo elegiste. Por eso vas a notar que esa voz nueva que sale de tus labios es la más antigua, y habla en español o en los idiomas que sepas, pero transmite un contenido eterno.
¿Cómo practicar la lección 155 hoy?
- Sal de la falsa humildad de «¿quién soy yo?» y de «no puedo, esto es mucho».
- Piensa en Dios cada día y acostúmbrate a un diálogo constante con Él.
- Escucha su «aquí estoy»: la misma voz que escuchabas al ego, con una vibración diferente.
- Cuando alguien toque tu puerta, hazte a un lado y deja que hable la voz más elevada. Te vas a sorprender.
- Recuerda que el mensajero no escribe el mensaje.
¿Qué cambia cuando te haces a un lado?
No va a hablar tu experiencia, porque tu experiencia no sirve de mucho aquí: está atada al tiempo y a lo que viviste en un cuerpo específico. Lo que va a hablar es la voz de la eternidad. Así cumples tu función como canal de liberación y de amor, sea cual sea el nombre que ese hermano le dé a lo que le pasa: montaña rusa emocional, miedos, sufrimiento. Si alguien te comparte un dolor muy grande, recuerda que también existe el acompañamiento profesional.
Y si hoy no sientes nada especial, no pasa nada: se trata de practicar el diálogo con Dios cada día, no de producir una experiencia. Permitirte ser canal de salvación para todo ser que toque tu puerta es la tarea de hoy, tan poderosa como puede serlo la mente de Dios. Mañana seguimos con la lección 156, camino con Dios en perfecta santidad. Bendito, bendita seas.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

