Lección 158: Aprendes a dar lo que recibes
Viviste algo tan hermoso que intentaste contárselo a alguien, y las palabras se quedaron cortas. Sacas una foto de un paisaje y, al mirarla, no es el paisaje. Esa es la pregunta de hoy: ¿qué se puede dar entonces? Llegamos después de la lección 157, donde nos entregamos a la presencia de Dios.
¿Qué significa «Hoy aprendo a dar tal como recibo»?
Al principio puede parecer una lección mundana: alguien me da dinero y yo le doy dinero a otro, alguien me da una palabra y yo doy otra. Pero estamos hablando de algo mucho más profundo. Lo que vamos a dar hoy no tiene que ver con este mundo, sino con el mundo de Dios, con la verdad, con la mente y con lo que realmente somos. La lección te dice que eres una mente dentro de la mente de Dios, una mente sin forma ni características. Cuando eres consciente de eso, estás viviendo una experiencia.
Y aquí viene la clave: Jesús dice que la experiencia no se puede transmitir. Muchos profetas tuvieron revelaciones y no pudieron transmitirlas. Lo que sí puedes compartir es la visión. Eso que estás recibiendo es lo que el Curso llama la visión de Cristo, la luz que hay en nosotros. Olvídate un poco del término tal como lo concebías antes. Si quieres entender qué lugar tiene Jesús en el camino, lee Jesús no viene a salvarte, viene a mostrarte tu guía.
¿Por qué cuesta ver sin cuerpos?
La lección dice que, para compartir esta visión, tienes que ver a través de ella. No se trata de decir «estoy viviendo a través del Cristo»: se trata de ver a través del Cristo, y eso no hay que decirlo, simplemente es. Lo único que pide esta ley es no ver a nadie como un cuerpo. Fíjate cuánto de lo que dolió fue porque un cuerpo hizo algo y lo identificaste con él. Lo que te dice el Curso es que todo es mente y energía, y que hoy nos liberamos de la idea de ser cuerpos y de ver cuerpos en otros.
Y no es difícil, porque siempre que ves a otro te estás reflejando a ti mismo: en tu hermano te ves a ti. Si empiezas a ver en otros más allá del cuerpo, empiezas a verte más allá del tuyo. Así se produce la salvación. Lo explico también en rechazar al otro es rechazarte a ti.
¿Cómo practicar la lección 158 hoy?
- Cierra los ojos un momento y ve eso que estás recibiendo.
- Ingresa en esa experiencia santa, agradeciendo y observando.
- Mira a los demás sin verlos como cuerpos, sin ataque, sin defensa, sin lucha, sin combate interno.
- No te preguntes qué vas a ver: solamente hazlo.
- Observa las preguntas que aparezcan. Al ego le encanta hacerlas y no responde ninguna.
¿Qué cambia cuando dejas de preguntar y miras?
Las preguntas van a aparecer, y lo único que tapan es la callada voz de Dios, la quietud que hay en ti, donde no queda ninguna pregunta por hacer porque están todas respondidas. Con esa certeza dejas de ver cuerpos que se mueven como si tuvieran sentido y empiezas a ver más allá. Esta es una lección para la paz interior: aprendemos a dar tal como recibimos, pero no como recibes el amor de una pareja o de un amigo, sino como recibes el amor de Dios. Ese es el que te toca dar, y se muestra a través de esta visión. Para ver cómo dar y recibir son lo mismo, lee lo que das, te lo das a ti.
Que hoy sea un día crístico, donde esa visión que está en ti tanto como en mí nos refleje y reconozcamos la luz que somos. Mañana seguimos con la lección 159, doy los milagros que he recibido.
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