Lección 203: Repaso, tu nombre es el de Dios
Una mano toca a la otra. ¿Dónde ocurre la sensación? Parece una pregunta de filosofía, pero es el punto de partida de la lección 203, que continúa el repaso que empezamos en la lección 202.
¿Qué significa «No soy un cuerpo» si no lo entiendo?
Probablemente para tu mente cotidiana esa frase sea totalmente incomprensible. Si te ocurre, está bien, es normal. Pasamos décadas entregados a la idea de que el cuerpo es exactamente lo que somos. Por eso te invito no solo a cuestionar la idea, sino a darte un espacio de práctica para observar tu mente.
Y vas a ver que la mente siente el cuerpo, pero no es el cuerpo el que se siente a sí mismo. Una mano toca a otra mano y la experiencia ocurre en la mente: no es la mano la que siente, es tu mente. Basta pensar en lo que pasa cuando a alguien lo anestesian: el cuerpo sigue ahí, pero la experiencia cambia. El cuerpo es algo que se experimenta en la mente, pero la mente es mucho más. En estas lecciones nuestro trabajo es ir mucho más allá. Lee también ¿Quién soy yo realmente?.
¿Cuál es el nombre que hoy invocas?
Aquí repasamos la lección 183: «Invoco el nombre de Dios y el mío propio». Hoy vamos a invocar nuestro verdadero nombre. No es el que te pusieron tus padres: es el nombre divino, la palabra original, el nombre del cual emanamos como seres, el sonido original, al que a veces se ha conocido de diferentes formas. Después el texto te explica que el nombre de Dios es mi liberación de todo pensamiento de maldad. Por eso nos sirve como canal, por la pureza y la luz que emana.
Y fíjate en lo importante: el pecado no tiene lugar porque ese nombre es el mío, así como el de Él. Tu nombre y el de Dios son el mismo. De a poco el Curso va liberando la idea de estar separados, de pensar que hay un Dios en algún lado y yo por otro. Por eso invocar ese nombre no es repetir un sonido bonito, sino empezar a reconocer lo que ya eres, más allá de los nombres y de las formas.
¿Cómo practicar el repaso de la lección 203 hoy?
- Repite la frase guía: «No soy un cuerpo, soy libre, pues aún soy tal como Dios me creó».
- Observa tu mente y comprueba que es ella quien siente el cuerpo.
- Invoca en silencio tu verdadero nombre, el que no te dieron tus padres.
- Ilumina tu mente reconociendo que eres libre porque eres tal y como Dios te creó.
¿Qué cambia al reconocer tu nombre?
Hoy vamos a iluminar nuestra mente y permitirnos empezar a reconocer, y esto hazlo en la práctica porque es muy importante, que no somos un cuerpo, que somos libres. Si estas ideas te hacen dudar de si hay un Dios aparte de ti, te ayudará ¿es arrogante creer que soy parte de Dios?. Mañana seguimos con la lección 204, el repaso de la 184.
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