Lección 297: El perdón es tu único regalo
Llevas semanas con las lecciones y, mirando atrás, te pesa: te saltaste unas cuantas, otras las hiciste a medias, y hay pasajes que no entiendes. Hoy la lección 297 empieza justo por ahí.
¿Qué significa «El perdón es el único regalo que doy»?
La lección dice algo que resume el camino: todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy. Esa es la sencilla fórmula de la salvación. Cuando perdono, me estoy dando a mí mismo. Y hoy lo que vamos a hacer es darnos todo, porque así es como lo recibimos todo. Si quieres ir más a fondo, te sirve qué es el perdón de verdad.
¿Por qué empezar perdonándote a ti?
Porque en general cargamos con lo que aprendimos de la educación y pensamos que estamos en falta. Por eso Jesús es tan amoroso en cada lección: te dice que esto se hace así, pero que si no lo haces así, igual te ama. Si él, que nos entrega este material, no nos juzga, menos tenemos que juzgarnos nosotros.
Y hay algo más: no hay retrasos en este camino, no hay vueltas atrás, es un camino directo hacia Dios. Para hacer bien la lección del perdón, primero hay que soltar esa carga.
¿Cómo se practica la lección 297 hoy?
Te invito a hacer tres trabajos de perdón:
- Perdona todo lo que no hayas entendido del Curso. A veces pensamos «estoy leyendo, no lo pude aplicar, no lo entiendo, no es para mí». Perdona esos pensamientos, porque lo que se logra no es un entendimiento racional, sino algo más profundo. Incluso quien escribió este libro tuvo conflicto entre su parte racional y las revelaciones que recibía.
- Perdona las lecciones que crees no haber hecho como corresponde. No te preocupes por cómo las hiciste hasta ahora, porque el pasado no existe. Perdónate por haberlas saltado, hecho a medias o aplicado con la sensación de que estaba mal.
- Perdona todo lo que aún queda por perdonar en tu vida y en tus relaciones.
Si te cuesta con alguien concreto, revisa cómo se practica el perdón en tres pasos.
¿Por qué el perdón es un regalo y no una obligación?
Porque no hay nadie a quien le debas nada. Perdonar no es cumplir una tarea ni aprobar un examen: es dejar ir lo que sigues cargando para poder recibir. Piensa en cuánto pesa la idea de que debiste hacerlo mejor, de que otros deberían haber actuado distinto, de que todavía no entiendes lo suficiente. Hoy puedes soltar las tres cosas de una vez. No hace falta entender para perdonar; basta con la disposición de darte este regalo en cada situación en que pienses que hay un error, en que te estés juzgando o en que aún haya algo de temor.
Hoy puede ser un buen día para sentarte con tres preguntas: ¿qué sigo sin entender y me exige tanto?, ¿qué lecciones siento que no hice bien?, ¿qué relación aún me pesa? No hace falta resolverlas: basta con ponerlas en el regalo del perdón, una por una, y dejar que la voz del Espíritu Santo te siga guiando en lo que venga después.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Cuando perdonas lo que crees no haber aprendido, lo que no hiciste bien y lo que se proyecta en tus relaciones, te estás dando un regalo a ti mismo. Y no hay que racionalizarlo: por eso la lección de ayer era simplemente escuchar la voz del Espíritu Santo. Esa voz sigue guiándote; no es una práctica de un día, sino de vida, porque en algún punto toma, entre comillas, el control de tu vida y te guía hacia el despertar.
Cada vez que sientas que te equivocaste, que te juzgas o que aún hay algún temor, vuelve a darte el perdón. Y como estamos conectados, en la salvación de cada parte está la salvación de la totalidad. Si cargas con un dolor muy grande, un acompañamiento profesional también es parte de cuidarte. Vuelve a la lección 296 o sigue con la lección 298.
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