Lección 298: Amo al Padre y amo a su Hijo
Hoy te propongo algo muy sencillo: detente un momento y di, despacio, «Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo». ¿Qué pasa en ti al decirlo? De eso va la lección 298.
¿Qué significa «Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo»?
Son palabras muy hermosas, y si hoy te das un momento para sentirlas, es un instante santo, un milagro que te estás regalando. Cuando reconozco el amor hacia el Padre y hacia el Hijo de Dios, que es lo que somos, lo que reconozco es el amor que hay en mí. Hoy es el día para descubrir el amor total: al Creador y a la creación.
¿Qué pierdo si practico esta lección?
A esta altura sabemos que perder no tiene sentido, pero por si se nos olvida: lo que se pierde, según la lección, son los valores artificiales, las carreras locas, las jornadas absurdas. Cuanta más película, más historieta, más castillo de naipes. Son esos valores de periódico, de ayer, aprendidos, los que sueltas para conectar con la gratitud, que es el desenlace propio del amor al Creador y a la creación.
Hay también recuerdos tenebrosos y películas absurdas que nos llevan a la quietud, al estancamiento, al sopor: un paquete de consecuencias de una causa que nunca existió. Si el miedo te frena, puede ayudarte mirar el miedo y soltarlo.
¿Cómo se practica la lección 298 hoy?
Parece muy difícil, pero la respuesta es simple: amando todo lo que vives, cada instante, cada segundo; amándote, amando a Dios y al Creador por esta creación tan hermosa, abierta y creativa que somos.
- Repite despacio: «Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo». Siéntelo.
- Suelta los valores de ayer: lo que aprendiste que importa, las carreras, el drama.
- Ama a tu hermano. Al hacerlo no descubres solo que lo amas: descubres el amor y la capacidad infinita de amar que hay en ti.
- Conecta con la gratitud: por el punto al que llegaste hoy.
Piensa en esto: cuando yo amo al Padre, Dios ni se inmuta. Lo único que descubro es el amor que Él tiene por mí, porque todo es un espejo. Es un doble espejo del amor.
¿Qué tiene que ver la risa con el amor?
Bastante. Cuando dejamos de tomarnos tan en serio la película, el amor aparece con más facilidad. Esas historias de dificultad que contabas una y otra vez pueden pasar a ser gratitud por haber llegado hasta aquí. Sacarle el drama a la vida no significa negar lo que viviste: significa dejar de usarlo como una jaula. Cuando lo haces, descubres que las alas siempre estuvieron ahí. Y el agradecimiento deja de ser una idea para convertirse en algo que sientes en el cuerpo: una plenitud sencilla, sin condiciones, que no depende de que nada afuera cambie.
Prueba algo simple al final del día: recuerda tres cosas por las que hoy puedes dar gracias, aunque parezcan pequeñas, y repite una vez más «Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo». Esa gratitud sostenida es la forma más práctica de salir de la película y volver al amor que ya eres.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Empiezas a desarmar el drama. Quítale peso a la vida, ríete un poco: que los fantasmas del pasado se vuelvan una risa del presente, y que las historias de dificultad se conviertan en agradecimiento por dónde estás hoy. Lo que te encerró en una jaula pasa a ser la posibilidad de descubrir tus alas.
Hoy el agradecimiento tiene que ser total: sentir gratitud y plenitud es lo único que se interpone entre lo que ves y la santa visión de Cristo que hay en ti. Si hoy no sientes nada, repítelo sin exigirte; y si arrastras un dolor muy fuerte, busca además acompañamiento profesional. Mira la lección 297 si necesitas volver al perdón, y sigue con la lección 299.
Si quieres hacer el libro de ejercicios acompañado, lección a lección, súmate a la formación y accede a una media beca: Pide tu media beca.
Si primero quieres probar, empieza con el curso gratuito Maratón de Un Curso de Milagros: Empieza gratis aquí.

