Lección 299: La santidad ya vive en ti
Creías que ya habías superado esa reacción, ese mismo enojo, esa misma culpa. Y de pronto vuelve, como si nada. ¿Retrocediste? La lección 299 te da una respuesta que tranquiliza.
¿Qué significa «La santidad eterna mora en mí»?
Algo importante de entender, sobre todo en esos momentos de confusión, de letargo, en que nos perdemos y volvemos a girar en patrones que creíamos superados: este es un entrenamiento constante, estamos en período de aprendizaje, y el aprendizaje continúa y continúa.
Dentro de ese aprendizaje, la santidad de hoy no es algo que yo elija, defina o determine. Es la esencia que somos. Nuestro trabajo no es tanto determinar quiénes somos, sino descubrir esa santidad. La lección lo dice así: Dios, mi Padre, que la creó, reconoce que mi santidad es la suya. Es como un reflejo, un espejo.
¿Por qué cuesta reconocerla?
Porque hemos pensado que éramos culpables de muchas cosas, que nos habíamos equivocado, que hicimos las cosas mal. Por eso la lección dice que las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz. Cuando vuelve el ataque en la mente y el ego reaparece como conciencia preponderante, es el momento de recordar. Si te pesa la culpa, mira cómo soltarla, y si quieres entender al ego, qué es el ego según Un Curso de Milagros.
¿Cómo se practica la lección 299 hoy?
La práctica es muy sencilla y, a la vez, muy profunda. La sencillez y la profundidad se tocan cuando abres el espacio para que esa sencillez llame a la puerta de tu corazón.
- Recuerda que la santidad no hay que dibujarla, imaginarla ni ubicarla con palabras: es lo que ya eres, donde Dios te ubicó y como te creó.
- Suelta los conceptos para reconocer lo que no es conceptual. Si quitas la palabra «santidad» y lo observas en tu interior, está más allá de los conceptos.
- Usa otra palabra si te ayuda: a mí me sirve pureza. Eres un ser puro, inmaculado.
- Reconócela en un niño, en un árbol, en un animal de compañía, donde ves esa inocencia, y recuerda que también está en ti.
Que hayamos fabricado una conciencia de ego no significa que esta esencia no esté a cada instante. No vive en ti por una decisión consciente ni inconsciente, sino porque es el origen que te da la vida.
¿Cómo reconocer tu santidad en lo cotidiano?
Mira la inocencia de un niño, la quietud de un árbol, la confianza de un animal de compañía. A veces, por espejo, nos ayudan a reconocer algo que ya llevamos dentro. La santidad no depende de lo que hagas ni de cuántas veces te equivoques: está allí porque es el origen que te da la vida. Por eso, cuando aparezca otra vez la sensación de culpa, el letargo o el ataque en la mente, no te lo tomes como una prueba de que fallaste. Es solo una invitación más a recordar, y a recordar con sencillez, sin palabras si hace falta.
Un gesto que ayuda: cada vez que te descubras girando en el mismo patrón, detente, respira y dite en silencio «la santidad eterna mora en mí». No para convencerte de nada, sino para recordar. Con repetirlo hoy, mañana y pasado, el patrón pierde fuerza, porque dejas de alimentar la idea de que eres culpable.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
La lección dice que en la santidad todas las cosas sanan, pues siguen siendo tal como las creaste. Desde Un Curso de Milagros, la culpa es la que genera la enfermedad; por eso, al reconocer tu santidad va sanando tu mente, tu percepción y lo que te rodea. Así empiezas a traer a tu vida el mundo real, el mundo perdonado, y pasas del sueño del ego al sueño feliz, donde aún te experimentas como cuerpo, pero desde la conexión total con el Espíritu y con Dios.
Si hoy no lo sientes, no lo fuerces: la santidad no depende de que la sientas. Si te atraviesa un malestar fuerte, consulta también con un profesional que te acompañe. Revisa la lección 298 y sigue con la lección 300.
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