Lección 300: Este mundo dura solo un instante
Estás en medio de un día lleno: tienes que resolver esto, hablar con aquel, cumplir con tal prioridad, y por la noche te quedas pensando en lo que no lograste hacer. Parece que la vida entera fuera eso. Pero ¿has notado que hay algo en ti que ya estaba ahí cuando tenías cinco años, que estaba antes de ayer y que seguirá ahí mañana?
La lección anterior, la lección 299, La santidad eterna mora en mí, nos dejó el terreno preparado, y hoy damos un paso más con la lección 300, Este mundo dura tan sólo un instante. Te invito a leerla con calma y a observarla en tu práctica diaria.
¿Qué significa que este mundo dura un instante?
Te pido que reconozcas dos espacios de experiencia. Al principio puede resultar casi incomprensible que haya dos, porque parece que hubiera solo uno. El primero es el obvio, el del mundo en el que vivimos: lo que tengo que hacer, con quién hablo, qué me preguntaron, qué no logré. Es el ámbito del movimiento, donde tu mente se mueve, tu cuerpo se mueve y tus emociones se mueven.
El segundo es el que perdemos en ese movimiento constante: el espacio de quietud que siempre está. Eso que permanece es la conciencia, que no es tu mente sino lo que la observa, esa porción de la mente de Dios que somos dentro de la conciencia total. Te lo digo con claridad: tu cuerpo puede ser mancillado, tus ideas pueden ser mancilladas, la idea que tienes de ti mismo puede ser mancillada, pero la vida que eres no puede ser amenazada.
Y dentro de ese reconocimiento, Jesús nos acompaña a ver que el mundo que vemos dura un instante. Un instante dura ese momento de felicidad, un instante dura ese momento de angustia. Son instantes, y pasan.
¿Por qué cuesta tanto verlo?
Porque toda la mecánica del ego se basa en apegarse o identificarse con instantes pasados. Nos agarramos a lo que ya fue, para sufrirlo o para añorarlo, y así creemos que somos eso que pasó. Cuando, en cambio, ves pasar el instante desde el espacio de quietud, que no es instantáneo sino eterno, empiezas a cambiar la visión del tiempo por la visión de la eternidad, o por lo menos por un reconocimiento mucho más profundo de lo que eres.
Fíjate en algo importante: esa eternidad no puede ser pensada, ni analizada, ni estudiada. Está siendo ahora en tu interior. Por eso no se trata de entenderla con la cabeza, sino de reconocerla.
¿Cómo practicar la lección 300 hoy?
Te recomiendo una práctica sencilla de unos 10 minutos:
- Siéntate en un lugar tranquilo y pon un cronómetro o una alarma, para no estar pendiente del tiempo.
- Observa los instantes pasar: el mundo que ves dura un instante, y luego viene otro.
- Mira tus pensamientos, tus situaciones y tus emociones como nubes que pasan. Es una metáfora muy famosa en el ámbito espiritual, y el libro la usa a su manera.
- Pregúntate en dónde pasan esas nubes. Pasan en el cielo de la mente, y ese cielo siempre está despejado.
- Reconoce la mente que permanece. Los instantes pasan, pero tú no pasas. Las ideas pasan, pero tú no pasas. Las emociones pasan, pero lo que eres sigue siendo.
El cielo puede estar temporalmente cubierto por nubes o por una tormenta, pero el cielo siempre está, lo veas o no, lo ocultes o no. Mientras estemos en la tierra va a haber un cielo, y siempre va a estar despejado por más interferencia que haya. Por eso Jesús usa justamente esa imagen: porque podemos reconocerlo como algo invariable.
¿Qué cambia cuando lo practicas, y si no sientes nada?
Lo que empieza a cambiar es a qué le das importancia. Una percepción falsa deja de mantenerte bajo su yugo y pasa a ser una nube pasajera en un firmamento eternamente despejado. Eso es lo que significa que el mundo dura un solo instante: la angustia y la felicidad siguen apareciendo, pero ya no las confundes con lo que eres.
Si hoy no sientes nada especial, no te preocupes. A veces parece que ese cielo despejado, que es la santidad y es el amor, no pudiéramos verlo, aunque esté ahí. La práctica consiste en dedicarte, con paciencia, a observar el ámbito del ser, que es donde vas a entender cada vez con más claridad el mensaje de Jesús. Y si estudias a otros maestros espirituales, vas a ver que todos apuntan a este mismo lugar. Si estás atravesando un dolor muy fuerte, apóyate además en un acompañamiento profesional.
Mañana seguimos con la lección 301, Y Dios Mismo enjugará toda lágrima, donde veremos qué ocurre cuando dejamos de luchar contra el mundo.
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