Lección 301: Dios enjugará toda lágrima
Hay días en que lloras por algo concreto, y días en que simplemente te pesa el mundo entero. Te preguntas si algún día se va a poder ver todo esto de otra manera. Esta lección responde que sí, y no pide que hagas más esfuerzo, sino que veas distinto.
Viene después de la lección 300, Este mundo dura tan sólo un instante, y yo la considero hermosa si las hay: la lección 301, Y Dios Mismo enjugará toda lágrima.
¿Qué significa que Dios enjugará toda lágrima?
Lo que esta lección nos muestra es que nuestro trabajo ya no es negar el mundo, rechazarlo ni luchar contra él. Es empezar a descubrir cuál es el mundo real, el mundo creado por Dios. Y lo único que tenemos que hacer para verlo es no condenar, no juzgar, no atacar y no rechazar.
Jesús nos dice que el mundo de Dios es un mundo feliz, y que quienes lo contemplan solo pueden sumarle su propia dicha. Entonces, ¿qué nos lleva a todo esto? A que podemos ver el mundo y reconocer la magnificencia, el amor, la creación y la maravilla que hay en él. Ya no necesitamos rechazarlo, ni estar en conflicto con él, ni anteponerle nuestras propias ideas.
¿Por qué lloramos, entonces?
Hay una frase de la lección que te recomiendo anotar y agendar: «Llorábamos porque no entendíamos». Tenerla a mano cambia el modo en que miras tu propio sufrimiento. Recuerda esos momentos en que te angustiaste, y si hoy te está pasando, recuérdala sobre todo. No lloramos porque el mundo fuera malvado, sino porque no entendíamos.
Por eso la lección propone una entrega: el pedido al Padre es «este es mi hogar porque no lo juzgo». Con eso, mi voluntad queda entregada, liberada. Mucha gente llama a esto rendición. No es una derrota: es dejar de pelear con una película que yo mismo escribí.
¿Cómo practicar la lección 301 hoy?
Te propongo estos pasos, que salen de lo que la propia lección pide:
- Cuando mires algo hoy, repite que quieres contemplarlo sin condenarlo, a través de ojos felices que el perdón ha liberado de toda distorsión.
- Pide ver el mundo de Dios en lugar del tuyo. Estás intentando mirar a través del prisma de la mente de Dios, de los ojos del Padre.
- Suelta toda percepción que puedas. Puede que veas algo y no entiendas su significado, y está bien: el significado que antes tenía era el que tú le habías dado.
- Entrega las lágrimas. Si hay sufrimiento hoy, ofrécelo en lugar de agarrarte a él.
- Busca reconocer la mano de Dios en cada situación y en cada circunstancia, aunque sea por un momento.
¿Qué cambia cuando la practicas, y si no sientes nada?
Empiezas a ver con la visión de Cristo, que no necesita ver más que lo que ven los ojos del cuerpo, porque ve en el interior el infinito. Eso es lo que llamamos el segundo advenimiento: dentro de ese mundo ya no está todo lo que hemos fabricado, y los ojos que ven reconocen la pureza en todo lo que ven. Como ya no hay nada que condenar, tampoco hay nada que aprender en ese punto: ya sencillamente ves.
Si hoy no sientes ese mundo feliz, no te castigues. Verlo sin significado previo puede ser desconcertante al principio, porque estás soltando lo que antes te daba seguridad. Sigue practicando con paciencia, y si tu tristeza es profunda o dura mucho tiempo, busca además el apoyo de un profesional que te acompañe.
Mañana nos espera la lección 302, Donde antes había tinieblas ahora contemplo la luz, que resume todo el camino.
Si quieres ir más a fondo en esto, te dejo dos lecturas: cómo cambiar tu percepción cambia tu experiencia y por qué dejar de juzgar empieza por soltar la idea de tener razón. Juzgar es justo lo que nos mantiene lejos del mundo feliz: cada vez que condeno, vuelvo a poner mi significado delante de lo que es. Por eso la práctica de hoy es tan simple de enunciar y tan exigente de sostener: no condenar, aunque sea durante unos minutos, y notar qué queda cuando el juicio se calla. Puedes repetirla cada vez que algo te irrite durante el día.
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