Lección 357: Tu hermano es el puente a tu centro
Te estás duchando y llega un pensamiento triste, y de pronto lo sueltas. Hablas con alguien y notas que estás proyectando, y lo liberas. De madrugada la mente da vueltas sin sentido, pides guía y te llega una palabra. Eso, que parece tan pequeño, es de lo que habla la lección de hoy, que sigue a la lección 356, donde curar es invocar el nombre de Dios.
¿Qué significa «la verdad contesta toda invocación»?
Estamos en una cuenta regresiva: son de las lecciones finales. No trates de entenderlas; deja que penetren en tu interior y que abracen tu ser, y entiende que lo que vemos aquí es el mensaje final del Curso. Esta lección tiene debajo una sabiduría muy profunda: la verdad te habla primero a través del milagro, y después retorna a nosotros para ser ella misma. Por eso es tan importante que la mente empiece a reconocer milagros en las pequeñas cosas.
A veces, cuando pido guía, me llega una explicación de varias páginas: todo lo que mi mente necesita y está abierta a recibir. Te invito a que lo pruebes con tu experiencia. Y fíjate en cómo funciona: el milagro es como un palillo que usas para descorrer un velo. No es la verdad, no es lo que hay detrás del telón ni lo que hay antes; es solo lo que descorre el velo. Si quieres profundizar, mira qué es un milagro según el Curso.
¿Por qué el perdón es un reflejo?
La lección habla del perdón como el reflejo de la verdad, y la palabra «reflejo» no es casual: el perdón nunca es verdadero, porque no hay absolutamente nada que perdonar. Aun así, me enseña cómo ofrecer milagros y escapar de la prisión en la que creo vivir. Te invito a que repases hoy el comienzo del libro, los principios de los milagros: allí se dice que son espontáneos, naturales, involuntarios. No es que te levantes y decidas hacer milagros; cuando ocurren, simplemente están sucediendo. Para ver cómo se vive el perdón, lee cómo se practica el perdón en 3 pasos.
¿Cómo practicar la lección 357 hoy?
- Lee la lección con calma y deja que penetre sin intentar descifrarla.
- Durante el día, pide, pide y pide: la paciencia de la voz divina es infinita y te responde siempre que la mente no la esté bloqueando.
- Reconoce en cada hermano un puente: la lección dice que tu santo Hijo te es señalado primero en tu hermano y después en ti.
- Cruza ese puente hacia adentro, hacia tu centro, y no te quedes sobre él ni del otro lado sintiendo que algo te falta.
- Contempla la impecabilidad del otro: la lección te dice «contempla su impecabilidad y sé curado».
¿Qué cambia cuando cruzas el puente?
Piensa en tu hermano como un puente que te lleva a tu centro. Si no lo cruzas, te quedas del otro lado y sientes que algo falta; si te subes y te quedas en medio, no ves lo que hay del otro lado. Quizá alguien ha tenido miedo de ese puente, o está parado en él sin saber cómo seguir. En algún momento tienes que atravesarlo para ver la santidad que hay en tu interior, y como es un puente que se cruza hacia adentro, lo que descubres es la santidad del Hijo de Dios. Entonces entiendes todo lo que has hecho, no desde lo racional, sino desde algo mucho más profundo. Mañana seguimos con la lección 358, donde ninguna invocación a Dios queda sin respuesta.
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